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Opinión

¿Crisis sanitaria o manipulación?

Los pasajeros afectados por un brote de hantavirus desembarcan del MV Hondius fondeado en Tenerife

Los pasajeros afectados por un brote de hantavirus desembarcan del MV Hondius fondeado en Tenerife

No es covid-19. Se ha repetido infinidad de veces. El brote de hantavirus del crucero MV Hondius tiene poco que ver, además de que ambos episodios son zoonóticos; es decir, tienen su origen en animales. Aquel era un virus totalmente desconocido, que no sabíamos cómo se comportaba. Los hantavirus son conocidos perfectamente desde 1978 y, concretamente, la variante Andes, la protagonista de los hechos actuales, desde los años 90. Sabemos que es peligroso. Puede tener una letalidad de un 30% pero, en cambio, se transmite poco y mal (R0<1) y tiene poca tendencia a hacer mutaciones. No es el candidato ideal para producir una pandemia. En cambio, en un espacio cerrado, limitado, poco ventilado y con alta densidad de personal puede hacer daño. En resumen: peligroso para los que estaban en el crucero y casi nada para la comunidad.

Si esto es así, ¿a qué viene todo este escándalo mediático y político en torno al crucero con personas infectadas, que no infectado?

La salud es uno de los valores más importantes, si no el más importante, para los seres humanos. Cualquier cosa que tenga que ver con la salud despierta rápidamente nuestro interés.

De esto ya habló el filósofo Michel Foucault, cuando escribió de la biopolítica refiriéndose como «el conjunto de estrategias mediante las cuales el Estado y otras instituciones gestionan aquello que es fundamentalmente biológico de la especie humana (nacimientos, mortalidad, salud, longevidad...)». Las administraciones, los gobiernos, no tan solo gestionan finanzas o recursos, también nos gestionan la vida y la salud. Y con una gran eficiencia. Y esto quiere decir que las herramientas y estrategias relacionadas con la biopolítica son enormemente potentes.

La sociedad posmoderna se caracteriza, según Bauman o Beck, por su carácter líquido y de riesgo. Nada es seguro. Todo varía constantemente. Y la sociedad reacciona con desconfianza hacia las instituciones clásicas y las consideradas «élites» y con individualismo extremo. Quiere soluciones fáciles, sencillas y rápidas. Y esto es mucho pedir, en salud pública.

La biopolítica, mediante la utilización de algunos medios de comunicación y de las redes sociales, es la estrategia perfecta para manipular y polarizar a nuestra sociedad, agitando el miedo y la inseguridad en un entorno, según algunos, de incompetencia y mala fe.

La política actual, y especialmente en el Estado español, es un lodazal donde parece que todo vale. Y cuando se habla de salud o de bienestar, el terreno está especialmente abonado. Tuvimos muestras de ello en 2014, con el caso de ébola transportado a España, en un entorno ciertamente de cosas mal hechas. Volvimos a tener ejemplos abundantes en 2009 con la pandemia de gripe A y la movida antivacunas. El cenit llegó con el covid-19 de 2020, lleno de negacionismo y de intoxicación de la opinión pública mediante los medios y las redes sociales, haciéndose famoso el término «infodemia» cuando hablamos de la «difusión rápida de rumores, información inexacta y noticias engañosas con relación a una enfermedad infecciosa o un problema de salud pública, paralelamente a su propagación o evolución».

Parecía que se había tocado techo, pero no. Se resalta cualquier aparente contradicción o rectificación, en un contexto electoral como el actual donde hemos oído de todo, hasta afirmaciones como las de un político de extrema derecha, que ha llegado a decir que Pedro Sánchez «ha querido crear una crisis sanitaria llevando a España un barco con un virus mortífero y de ser capaz de provocar una epidemia» para desviar la atención de temas de corrupción. Ante esto, tan solo hay dos posibilidades: o algunos de nuestros políticos son unos ignorantes gigantescos o son unos hipócritas.

Pero es efectivo. Hay gente que cree que estamos ante un altísimo riesgo de pandemia y que estamos en peligro.

Para dar la vuelta a situaciones como estas, hay que recuperar el prestigio de instituciones como la OMS o nuestros servicios sanitarios públicos, hasta ahora valorados como excelentes y ahora empujados por una pendiente de descrédito progresivo en favor de la privatización. Tenemos que ganar transparencia, que no quiere decir más información, sino mejor; rápida, pero no apresurada, comprensible, verificable y entendible. Demostrar un buen liderazgo profesional y hacer evaluaciones públicas, independientes de lo que se ha hecho y cómo se ha hecho. Y sería bueno mantener a algunos políticos lejos de cámaras y micros.

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