Opinión | El Desliz
Ayuso y la Malinche de Nacho Cano

Ayuso y la Malinche de Nacho Cano. / Elisa Martínez
Se preguntaba hace un par de días en las páginas de este diario la escritora y Premio Nacional de Historia Anna Caballé qué conocía exactamente Isabel Díaz Ayuso sobre la enjundiosa figura de Hernán Cortés al emprender su viaje a México y usarla como ariete contra esa nación. Un ariete que ha resultado bumerán, y le ha dado en toda la cara a la intensa presidenta madrileña, que no acató el primer mandamiento de cualquier turista: no se insulta a los anfitriones. Pobre Ayuso, que se cree que puede viajar no solo en el espacio sino también el tiempo y recibir pleitesía de pueblos que no le deben nada. Suerte que iba con el billete de vuelta abierto, que pese a salir muchísimo más caro le ha permitido regresar rápido a España para lloriquear sobre el peligro que sufrieron ella y su equipo por la desprotección de los gobiernos izquierdistas de Pedro Sánchez y Claudia Sheinbaum. Tampoco fue para tanto que una regidora exhibiera una cartulina ante la baronesa popular, o un grupo de personas pro comunidades indígenas se manifestara pacíficamente contra sus homenajes a la cristianización forzosa, aunque ya dicen que el miedo es libre. Pese a sentirse tan desvalida, la gran víctima Ayuso se quedó el fin de semana en un complejo hotelero de lujo de la Riviera Maya después de cancelar su agenda oficial. Igual entre margaritas y palomas aprovechó para conversar con sus asustados asesores sobre el estrafalario programa y los penosos discursos que le prepararon, una auténtica encerrona que la ha abocado al ridículo. Pero volviendo a la pregunta de Caballé, seguro que antes de su gira Ayuso no se leyó ninguna biografía del conquistador, ni siquiera le hizo falta echar un vistazo a la Wikipedia. Ella había visto Malinche, el musical, donde Hernán Cortés es el galán.
Le encantó. Ha amadrinado esta obra cumbre de su amigo y muso Nacho Cano de todos los modos y maneras posibles. En el estreno hace cuatro años en Ifema (espacio que gestiona la Comunidad de Madrid vía una empresa pública), o en la función número 400, cuando recibió una ovación del público y palabras de elogio del exintegrante de Mecano, que la comparó con Isabel la Católica y la animó a no rendirse en sus múltiples cruzadas. Puede que de ahí surgiera la idea de irse a hacer las Américas con su bandera revisionista de la Conquista, nunca se sabe de dónde nace la inspiración para la política exterior de una comunidad como Madrid. Malinche, que dejó de representarse hace un año por las obras del recinto madrileño que ha de acoger la Fórmula 1, lleva doce meses levantando el telón en el centro de entretenimiento Frontón México. Fue allí donde acabó trasladándose el evento Celebración por la Evangelización y el Mestizaje convocado por Cano la semana pasada en la Catedral Metropolitana de la capital mexicana, con presencia de Ayuso. Vetado por la propia Iglesia, que lo declaró improcedente por ideológico, su homenaje a Hernán Cortés quedó algo deslucido. Qué cruz tiene el músico, si esperaba resarcirse en la tierra de su querida esclava de los múltiples sinsabores que le ha deparado este show. Desde ser detenido por la policía acusado por una bailarina de contratación irregular de inmigrantes sin papeles, causa que se archivó y por la que el artista ha denunciado a la jueza instructora, a entrar en concurso de acreedores el mes pasado la empresa que produce el magno espectáculo. A ver si la leyenda negra de la Malinche ha contagiado también a sus apóstoles Cano y Ayuso.
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