Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Tribuna

Los sexis también limpian

El machismo sigue de fondo en gestos que revelan que todavía hay tareas que, dependiendo de quién las realice, parecen necesitar justificación, adorno o, peor aún, espectáculo

Una empleada de hogar plancha una camiseta, el día en que han aprobado el paro para las empleadas del hogar, a 6 de septiembre de 2022, en Madrid (España). El Gobierno ha confirmado la aprobación del reconocimiento del subsidio al desempleo a las empleadas del hogar poniendo así "fin a un injusticia absolutamente inaceptable". Con esta medida el Gobierno quiere reconocer los derechos laborales y la dignidad laboral de estas trabajadoras y "asumirá como propio y hará realidad" la petición de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) tras ratificar en junio por unanimidad el convenio 189 de este organismo que obliga a reconocer el paro a este colectivo. 06 SEPTIEMBRE 2022;GOBIERNO;PARO;DESEMPLEO;EMPLEADAS DEL HOGAR;LIMPIEZA;EMPLEADAS DOMÉSTICAS Ricardo Rubio / Europa Press 06/09/2022. Ricardo Rubio;

Una empleada de hogar plancha una camiseta, el día en que han aprobado el paro para las empleadas del hogar, a 6 de septiembre de 2022, en Madrid (España). El Gobierno ha confirmado la aprobación del reconocimiento del subsidio al desempleo a las empleadas del hogar poniendo así "fin a un injusticia absolutamente inaceptable". Con esta medida el Gobierno quiere reconocer los derechos laborales y la dignidad laboral de estas trabajadoras y "asumirá como propio y hará realidad" la petición de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) tras ratificar en junio por unanimidad el convenio 189 de este organismo que obliga a reconocer el paro a este colectivo. 06 SEPTIEMBRE 2022;GOBIERNO;PARO;DESEMPLEO;EMPLEADAS DEL HOGAR;LIMPIEZA;EMPLEADAS DOMÉSTICAS Ricardo Rubio / Europa Press 06/09/2022. Ricardo Rubio; / .

Si los ricos también lloran, podríamos decir, por ejemplo, que los sexis también limpian. ¿Por qué no? Semejantes oraciones, que conectan a un colectivo con una determinada acción, en este caso, llorar o limpiar, solo pueden ser producto de una ilusión desmedida o de la estupidez más rotunda. Dependerá del ángulo desde donde el cerebro constructor de tales afirmaciones se sitúe.

La cuestión es que, hace unos días, estuve como observadora de paz en una discusión por WhatsApp de lo más desquiciante con un grupo de personas que residen en otro punto de la geografía española: hablaban de hacer un vídeo para participar en un concurso de una televisión regional. En el mismo, debían escoger a uno de los hombres, al más atractivo de todos, y se tenía que grabar semidesnudo mientras limpiaba su inodoro en calidad de hombre sexi. Me quedé estupefacta ante el contenido de la petición del programa.

Lo curioso es que todos parecían más preocupados por escoger al hombre que representara la categoría de sexi que con el hecho de convertir una tarea cotidiana en espectáculo. Así, el debate secundario —lo ridículo de creerse atractivo estropajo en mano— terminó eclipsando lo esencial: el sesgo que subyace en el mensaje del encargo.

Si diseccionamos el constructo de abajo arriba, o de izquierda a derecha, para empezar: ¿desde cuándo es noticia que un hombre limpie?, ¿dónde está la gracia o el mérito?, ¿acaso es porque es (supuestamente) sexi? ¿Ser atractivo otorga valor añadido a una tarea doméstica?

Probablemente, alguien dirá que todo se planteaba en clave de humor o también qué exagerada es esta mujer. Pero cabe preguntarse: ¿sigue resultando gracioso ese enfoque?, ¿de verdad necesitamos ese humor condescendiente hacia algo tan cotidiano como limpiar un baño, que aún resulta inédito y excepcional en un hombre etiquetado como sexi? Hay en ello un eco de otro tiempo, de un humor algo rancio que convierte lo normal en caricatura.

Imaginemos la escena invertida: una mujer semidesnuda, presentada en esos mismos términos mientras limpia. Intuimos que generaría incomodidad inmediata y, muy probablemente, crítica (a no ser que estuviéramos viendo el canal Playboy). Y eso es en sí positivo. Sin embargo, cuando el protagonista es un hombre, la escena se percibe como ligera, incluso simpática, sin reparar en que el mecanismo es esencialmente el mismo. En el fondo, no deja de haber una cierta ridiculización de lo cotidiano ejecutado por hombres: limpiar sigue apareciendo como algo digno de mención, casi como una rareza si quien lo hace encaja en un ideal estético determinado.

Vemos así que el machismo sigue de fondo, porque algunos de estos gestos, que ya no pasarían desapercibidos en otros contextos, siguen colándose como bromas inofensivas por otros medios. Y no lo son tanto: revelan que todavía hay tareas que, dependiendo de quién las realice, parecen necesitar justificación, adorno o, peor aún, espectáculo. Dejo para otro artículo otra cuestión que me parece casi tan importante como la que hemos tratado hoy: saber si los ricos, además de llorar, también limpian inodoros.

TEMAS

  • machismo
  • humor
  • Escena
  • Tales
Tracking Pixel Contents