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Opinión

Palma

Palma, la ciudad sin baños públicos

VÍDEO | El mercado de Pere Garau, en Palma, impone el pago de 50 céntimos para utilizar los baños

B. Ramon

Palma, una ciudad turística sin baños públicos, ha permitido que sus mercados municipales instalen tornos en sus aseos para cobrar a los usuarios.

La excusa son los altos costes de mantenimiento, la necesidad de poner coto al creciente incivismo y la voluntad expresa de cobrar una pequeña cantidad al visitante que no realiza compra alguna para que, al menos, contribuya al negocio. La misma justificación que infinidad de bares de la ciudad, que vetan la entrada a sus servicios a visitantes y turistas con urgencias inaplazables si no realizan una consumición, aunque un negocio privado puede hacer lo que quiera en su casa y la iniciativa de los mercados municipales lleva el aval del Ayuntamiento de Palma.

La iniciativa se ha puesto ya en marcha en el Mercat de Pere Garau. Y próximamente lo hará en l’Olivar y Santa Catalina, con algunas diferencias. En Pere Garau, por ejemplo, el precio que se abona por utilizar los aseos es de 0,5 euros. Y en l’Olivar será de un euro; se pagará con tarjeta bancaria y, para los usuarios del mercado que hayan realizado alguna compra, será gratis: bastará con que escaneen el código QR en la pantalla del torno de acceso. Siempre que sepan qué demonios es un código QR y la brecha digital por edad no adelante las urgencias en cualquier otro lugar no previsto.

Baños del Mercat de l'Olivar, con el torno instalado

Baños del Mercat de l'Olivar, con el torno instalado / Raúl Sanz

En el año 2012, durante la alcaldía de Mateo Isern, Palma estuvo a punto de estrenar sus primeros baños públicos, unas modernas casetas autolimpiables que iban a instalarse en seis puntos de la ciudad de alta afluencia turística: la plaza de España, Vía Roma, la cuesta de Santo Domingo, la plaza del Mercat, la Avinguda Antoni Maura y el Parc de la Mar. El proyecto, que suponía una inversión de 331.000 euros, con un coste de mantenimiento de 90.000 euros anuales, fue atacado duramente por la oposición por dos flancos: el alto coste que suponía y el daño estético que las casetas causaban en los entornos en los que se iban a instalar. Así que Cort, en tiempos de contención presupuestaria, desistió. Y catorce años después, toda la ciudad tiene el mismo problema que entonces, multiplicado por el aumento de ciudadanos y turistas.

Mientras tanto, hemos visto que estos baños públicos autolimpiables se han instalado en muchas ciudades de España que también carecían de aseos en las calles. Y que han funcionado en los lugares donde el servicio ha ido acompañado de un buen mantenimiento y aceptación vecinal, mientras Palma sigue posponiendo la solución a un problema que algún día tendrá que afrontar.

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