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Opinión

Ábalos, víctima de todos... y de sí mismo

El exministro de Transportes José Luis Ábalos declara como acusado en el juicio del Tribunal Supremo por las presuntas irregularidades en la compra de mascarillas, a 4 de mayo de 2026, en Madrid (España).

El exministro de Transportes José Luis Ábalos declara como acusado en el juicio del Tribunal Supremo por las presuntas irregularidades en la compra de mascarillas, a 4 de mayo de 2026, en Madrid (España). / EUROPA PRESS

Ábalos se plantó ante el Tribunal Supremo con la estrategia de desplazar el foco de sus actos hacia quienes habrían construido una trama contra él. El exministro, ex número dos del PSOE y antiguo hombre de confianza de Pedro Sánchez presentó a Víctor de Aldama como un comisionista entregado a la «impostura permanente», capaz de robar papel oficial, exagerar contactos internacionales y fabricar relatos para darse importancia. También extendió esa sospecha a su expareja, Jésica Rodríguez, que «ha podido ser coaccionada», y a Claudia Montes, la lectora de libros sobre trenes, a quienes presentó como personajes de un entremés del Siglo de Oro guionizado por Aldama. Incluso Koldo García apareció en su relato más como un intermediario con «vida propia» que como el asesor al que él colocó en el Ministerio de Transportes.

Su objetivo era presentarse ante el tribunal no como el beneficiario consciente de un sistema de favores, sino como la víctima de una maniobra ajena, instrumentalizado por Aldama a través de Koldo y rodeado de mujeres jóvenes que habrían terminado declarando contra él por presión, conveniencia o acuerdo. El exministro negó dádivas, enchufes y decisiones técnicas; reivindicó como «éxito» la compra de mascarillas y redujo su papel a la decisión política de adquirir más material para garantizar el abastecimiento. El problema de esa defensa es que, incluso si fuera cierta en parte, no agota la responsabilidad que se dirime, porque Ábalos no queda absuelto por haber delegado demasiado, ni por haber confiado mal, ni por haber permitido que «Aldama estuviera por ahí». Ábalos intenta presentarse como víctima del comisionista, de Jésica, de la UCO, del clima mediático y hasta de su «complicada» vida privada, pero olvida que lo que se juzga es si alrededor de su persona se generó una red de accesos, favores, pagos y contrataciones que él impulsó, aprovechó o decidió no ver. Y en cualquiera de esas hipótesis, la responsabilidad no desaparece. Tampoco la penal.

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