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Opinión

Esto también es Mallorca, baby

Esto también es Mallorca, baby

Esto también es Mallorca, baby / A. V.

No pondremos referencias pues todavía hay quien los encarcela. Antes de la pandemia, en el entorno en cuestión, llegaban tres o cuatro, después del covid hemos llegado a contar decenas en un mismo valle en las últimas primaveras. A pesar de las malditas carreras, o de las obras, siguen llegando puntuales. Una semana antes de Sant Jordi aterrizó el «cinco notas» pasado el ecuador de abril. Un tiempo el Times de Londres avisaba del primer canto de ruiseñor registrado en un lado u otro del Reino Unido. Esto parece cosa de pocos, o de frikis, pero realmente si quedas indiferente al canto del Luscynia megarinchos puede que estés recién muerto o ya en el paraíso. Ni falta hace decir que cantan de noche para atraer a las hembras que se van orientando y llegando para aparejarse. Los machos intensifican su presencia de noche con el canto publicitando su marca y ellas puede que en parte orientadas por las estrellas, una tras otra, irán bajando e integrándose en la floresta a sus compañeros.

Subo por la calzada y diversos quilómetros muestran diferentes individuos marcando, por el silbido, sus dominios. De vez en cuando algún coche, moto o grupo de ruidosos alemanes en bici, luego el caro silencio y el recomienzo de los mismos versos. Ahora los médicos recomiendan escuchar pájaros para poder sanar. No, por ahí no, por favor, dejen alguna cosilla en el aire que las montañas van llenas de abrazadores de troncos, incluso muertos. Abrázate a ti, gracias. La vida te ama, no lo dudes. Lo escuchas a menudo y «vamos a estar bien». ¡Wow!... o no tanto. ¿Puedes seguir? Gracias.

Sopla norte muy suave y Venus asoma resplandeciente en un azul metálico, las cimas se recortan pues el sol va sumergiendo su jeta en el mar y un corderito de Dios implora a la madre. Una bandada de cuervos repiensan cegarlo o incluso arrancarle la lengua de cuajo, incomunicarlo, planean ya cerca pero la madre aparece potente y amenazante de la espesura. Al mismo tiempo y un poco más arriba el autillo, mussolet, empieza a dar cuerda al mundo que empieza al final del día, principio de una muy prometedora noche. Una marta que aparece de noche bordeando el torrente rutinaria, me olisquea de lejos levantando su hermoso hocico, me mira e incluso permite que la grabe para bien pronto seguir su camino diario. Un lujo. Con todo, nuestro rossinyol es un omnipresente rayo que no cesa en el valle. Su canto a cada dos centenares de metros pertenece a la competencia utilizando un mismo poema que es recitado de memoria en la espesura, misma letanía.

La transparencia del aire inflama los contornos con la salida de la luna tras las peñas. Pequeños murciélagos limpian el cielo de mosquitos. Un toro de raza autóctona mallorquina se delata, va de un lado a otro inquieto y del lugar más apartado de la carretera observo una vaca pariendo en el margen del curso del torrente lo más alejado posible de los humanos. El macho lame a la hembra en la frente y por toda la cabeza y también en la puerta ya abierta a la vida del nuevo ternero. Es la misma raza que dibujó el Arxiduc. Empuja. Nace con éxito. La vaca se levanta como una jabata, como si despertase de una siesta. Fortaleza absoluta. El padre vuelve a sus aposentos para vigilarlos a todos echado en la hierba. Ella lamerá durante muchos minutos a su hijo recién nacido que en los primeros segundos de este mundo ya escucha el nuevo y ensordecedor himno. Aquí no hay ficción, esto también es Mallorca, baby, a pesar nuestro. El primer sonido que escucha es el de un gran artista, el más bello canto del panorama ornitológico. Un auténtico lujo en cada primavera. Sus progenitores guiados por una conducta ancestral se reencuentran, van finalizando esta postal cuando ya oscurece del todo. (S.) n

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