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Opinión | Al azar

Trump lucha para reelegir a Sánchez

Pedro Sánchez saluda a Donald Trump en la cumbre sobre el futuro de Gaza en Sharm el Sheij el pasado 13 de octubre.

Pedro Sánchez saluda a Donald Trump en la cumbre sobre el futuro de Gaza en Sharm el Sheij el pasado 13 de octubre. / EVAN VUCCI / POOL / AFP

El PSOE de toda la vida hubiera recibido la expulsión de la OTAN como una excelente noticia, pero Pedro Sánchez se reclama un socio fiel por lo civil y por lo militar. El frente europeo se le resiste a Donald Trump con tanta fiereza como el iraní. Tras su estrepitoso fracaso en pro de Orbán, el magnate de la Casa Blanca se muestra inasequible al desaliento y dobla la apuesta. Su hostilidad singularizada demuestra que está luchando para mantener al socialismo en la Moncloa, al mismo tiempo que entrega las Malvinas a su querido Milei.

No se necesitaban correos secretos del Pentágono para determinar la animadversión antiespañola de Trump. Desde el comienzo de la guerra, estaba más preocupado por insultar a Sánchez que a los ayatolás. Entrelazaba su furibundia con verdades como templos, «¿quién va a prohibirme que use las bases españolas?». En una sola comparecencia junto Friedrich Merz, repicó por tres veces contra el Gobierno socialista sin que nadie le provocara, y sin que el alemán disculpara a un miembro de la UE. El vasallo Rutte se desvivió servil por calmar al emperador, pero alguien tiene que pagar el ridículo en Irán.

Odiar a España no ayuda en nada a Trump, pero puede suponer la única vía de salvación de Sánchez, por encima de cumbres de opereta o de entregarse a los BRIC de Rusia. La única incógnita sobre las elecciones generales programadas en 2027 es el margen de la mayoría absoluta de PP/Vox. El correo del Pentágono sobre la expulsión del Paraíso coincide con un CIS catastrófico sobre las andaluzas, en un feudo tradicional del PSOE y con una desafortunada vicepresidenta al frente de las listas. María Jesús Montero es la peor valorada de todos los candidatos, y se mantiene a una distancia sideral de Moreno Bonilla, al borde de la mayoría absoluta. Solo un milagro puede resucitar al sanchismo, y el presidente estadounidense se ha reencarnado últimamente en Jesucristo y en el Rey Salomón. Con todo, ser declarado un país «difícil» puede resultar insuficiente. El gabinete de la Moncloa, compuesto por Sánchez y por él mismo, ha de lograr que la promoción indudable desde Washington cuaje en la expulsión patriótica de la OTAN.

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