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Opinión | Tribuna

Votar es peligroso

El deterioro psiquiátrico del presidente americano tiene alarmada a la comunidad internacional. Pero hay cosas que están empezando a calar incluso entre los más entregados. Por ejemplo, los aranceles que nos impuso y pagamos todos. O que el genocida Netanyahu lo engañó como a un bobo de feria llevándole a la guerra con Irán. ¿Las derivadas?: que la gasolina, el gas y la electricidad estén carísimos. Que los fertilizantes y el diésel estén por las nubes, o que harina, pan arroz o azúcar se hayan disparado. Que los fletes marítimos y los seguros de los buques que los transportan se hayan encarecido un trescientos por cien y todo lo que está por llegar y nada es bueno. El New York Times explicaba cómo el genocida, aprovechándose de su estado, le engaño conduciéndole a una guerra en la que sólo Israel tenía algo que ganar, pero en la que todos los demás teníamos mucho que perder. Aun así, muchos les defienden. ¿Por qué? Por fanatismo, por llevar la contraria al pragmatismo o porque sí, que es lo que se contesta cuando no hay respuesta inteligente.

Pero la cosa se le empieza a torcer. El 63 por ciento de los americanos no confía en él y el 67 por ciento está en contra de la guerra con Irán, acredita la última encuesta. Leo la cifra en sentido inverso, es decir, un 33 por cien están a favor. ¿Por qué? Por todo lo explicado anteriormente y por todo lo que pueda añadir Iker Jiménez, que no entenderé.

El 20 de abril, los EE. UU. empezaron a devolver, porque así lo falló el Tribunal Supremo, 166 mil millones de dólares cobrados ilegalmente en concepto de aranceles a las más de 3.000 empresas norteamericanas, incluidas Fedex y Costsco, principales litigantes. El roto que le van a hacer a Scott Bessent en las cuentas de 2025 y 2026 será mayúsculo y los americanos están cabreados porque los consumidores no serán resarcidos. Solo las empresas importadoras. Además, como Trump va a dificultar la devolución el principal va a generar intereses, estimados por el Instituto Cato, en 22 millones de dólares diarios. La penitencia del votante trumpista, pero también del demócrata, porque ambos los financiarán con sus impuestos. Votar con las tripas es peligroso porque tiene consecuencias.

La psiquiatra forense Bandy Lee lleva diez años estudiando al monstruo, es profesora en Yale y vinculada a Harvard y afirma que está en plena crisis psiquiátrica. Que padece una absoluta falta de conexión con la realidad y debido a su severo deterioro cognitivo podría estallar en un ataque de ira que supusiera el fin de la raza humana, porque tiene 5.000 ojivas nucleares. Y tiene un secretario de la Guerra más tonto que Abundio, añado.

Sus nocturnas declaraciones sobre Irán, siempre en mayúsculas y provocadas por sus brotes psicóticos, son la prueba irrefutable. Lleva mes y pico cambiando la versión del inició de esta guerra, de cuáles eran sus objetivos -los de Netanyahu, debería decir- y acumula diez versiones contradictorias sobre cómo y cuándo ponerle fin. La última solución ha sido bloquear, también, el estrecho de Ormuz. Una locura que revela que está fuera de control. Por las noches tiene ataques de ansiedad y tira de la IA de Grok comparándose con Dios, insultando al Papa, a sus exsocios europeos y a cualquiera con un dedo de cerebro que le lleve la contraria. A siete meses de las elecciones de medio mandato es capaz de cualquier cosa. No se va a rendir y perder las elecciones. Hará un pucherazo invocando poderes extraordinarios imaginarios para no celebrarlas. Y aun así habrá quien le siga defendiendo porque «es de los nuestros». La polarización arrastra multitudes y no distingue entre raciocinio, inteligencia, formación o desinformación. Es very difficult mantener la cordura y muy deprimente asistir a lo mucho que cuesta a Bruselas establecer una posición común europea que responda a nuestros intereses continentales. Pero entre inconsistentes y fascistas sigue habiendo un abismo.

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