Opinión | Tribuna
Ser o estar. Una distinción sutil de mucho valor
Uno no suele reflexionar tanto sobre su propia lengua y cultura como cuando las deja atrás. Cuando llegué a España, una de las primeras expresiones que más me llamaron la atención fue una que escuché en la serie Los Serrano, la comedia familiar que se emitió en los años 2000: «¡Estás tonto!», exclamó un personaje. Para mí, que había crecido en Argentina, esa expresión fue reveladora. En Argentina, una persona no puede estar o no estar tonto. Allí, se es o no se es tonto: la tontería no es temporal, es permanente. Por eso, «estar tonto» me resultó muy sutil, optimista, incluso cariñosa. Permitía al tonto salirse de su tontería. Jugar a ser tonto un rato, y dejar la tontería cuando la situación lo requiriese. En Argentina—y en otras regiones de España—la tontería perdura; es categórico y cierra todo tipo de alternativa a mejorar.
Esta distinción entre ser y estar que tenemos en castellano es más importante de lo que parece. A mí me es muy útil usarla cuando explico lo que es la personalidad en mi clase sobre comportamientos en las organizaciones. Los rasgos de la personalidad de una persona son muy estables a lo largo del desarrollo, influidos en cierta medida por las experiencias y el entorno, pero bastante menos de lo que originalmente se creía. Los estudios en gemelos separados al nacer—y por tanto, con idéntica genética, pero entornos diferentes—indican que éstos tienen personalidades muy parecidas, lo que sugiere que es en gran medida la genética y no el entorno lo que determina los rasgos de la personalidad. En resumen, la personalidad tiene más que ver con el «ser» que con el «estar». Es decir, uno no «está» extrovertido, sino que «es» extrovertido, y lo es de forma permanente. Otros idiomas, como el inglés, no disponen de una distinción tan clara entre nuestros «ser» y «estar», y los hablantes de ese idioma deben recurrir a expresiones más elaboradas para remarcarla, o inferir el significado del contexto.
Esta distinción sirve, al menos, en dos situaciones importantes. La primera tiene que ver con conflictos entre personas. Si una persona espera de otra un acto generoso, pero este no se materializa, se podría decir: «Eres egoísta». O bien: «Estás siendo egoísta». Sutil diferencia. La primera, como es definitiva, cierra puertas, acorrala, y elimina las esperanzas. La segunda, al ser temporal, deja abierta la posibilidad de reconducir la situación. Los buenos negociadores reconocen esta diferencia.
La segunda situación tiene que ver con otra expresión muy habitual en España—y que también me llamó la atención al llegar del exterior: «¿Eres de letras o de ciencias?» Con ella se pretende distinguir entre quienes muestran una inclinación más literaria y quienes tienden a los números. Sin embargo, se trata de una expresión muy cuestionada porque plantea una separación entre dos ámbitos del conocimiento que a menudo no lo están. Figuras como Santiago Ramón y Cajal y Richard Feynmann—ambos premios Nobel—sugirieron que esa dicotomía es artificial y defendieron una visión unitaria del conocimiento. Además, esa «o» en la expresión insinúa que las letras y las ciencias se compensan: si uno no es de ciencias, entonces deberá ser de letras, y si a uno se le dan bien los números, difícilmente podrá apreciar una obra literaria. Pero lo cierto es que se puede ser muy hábil tanto con las letras como con los números, o con ninguna de las dos.
Mi crítica, en cambio, tiene que ver con el «ser» de esa expresión. Ese «ser» no solo encasilla a la gente en uno de los dos campos excluyéndola del otro, sino que lo hace de forma definitiva. Sugiere que, si uno es de letras, nunca podrá ser de números, y viceversa. Como si la inclinación por las letras o los números fueran algo parecido a un rasgo permanente de la personalidad.
Pero esto no es lo que sugiere la neurociencia y la psicología del desarrollo. Aunque existen circuitos cerebrales distinguibles entre el procesamiento de números y palabras, y que diferentes personas tienen más desarrollados unos circuitos que otros, se sabe que el cerebro es muy plástico—flexible—y que estos circuitos se modifican con la práctica y a lo largo del desarrollo. Es decir, que una persona puede tener más habilidad para procesar números o letras, pero ambas habilidades pueden ser altas, y que estas son muy sensibles al tipo de educación y experiencia. Y que una persona que se considera de letras puede aprender también a apreciar los números si dedica tiempo a ello. Y que una persona que se considera de números también podría volverse «de letras» si lo intentara.
Esto es especialmente importante en el ámbito educativo. Invitar a que un niño se defina de un campo y no de otro es un error, y se lo predispone negativamente a aprender sobre algo que podría proporcionarle bienestar y desarrollo personal. Padres y madres, maestros y profesores, así como cualquier persona dedicada a la educación, deberíamos evitar este tipo de clasificaciones. En su lugar, podríamos preguntar: «¿hoy, estás de letras o de ciencias?»
- El heredero de un imperio sueco de las hamburguesas muere tras un accidente en Valldemossa
- 80 personas mayores disfrutan del mar por primera vez en Mallorca: 'Tengo una sensación de capricho y de cumplir un sueño
- El Ayuntamiento de Palma ya tramita la licencia para que el restaurante Roka se instale en mayo de 2027 en el nuevo Paseo Marítimo
- Una serpiente de herradura en la playa de Palmira, en Peguera, asusta a bañistas y vecinos: “Venía por el agua”
- La calle Sant Esperit emerge por la masificación turística en Sant Miquel en el centro de Palma: “Aquí evitamos que los guiris nos atropellen”
- Un constructor acusado de una estafa inmobiliaria en Mallorca: “No fue mi intención arruinar la vida de nadie”
- Wilhelm Bergfors, heredero de Max, cadena con 200 restaurantes en los países nórdicos
- Palma acoge la primera apertura de Saigu en Mallorca, la marca de maquillajes que arrasa entre las celebridades españolas
