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Opinión | Tribuna

La especie que viaja a la Luna y bombardea escuelas

La misión Artemis II de la NASA, a bordo de su nave espacial Orion, regresa a la Tierra

La misión Artemis II de la NASA, a bordo de su nave espacial Orion, regresa a la Tierra / NASA

Mientras el mundo arde en Oriente Medio, cuatro astronautas orbitan la Luna. Una paradoja que dice mucho de nosotros.

El 1 de abril de 2026, mientras Estados Unidos e Israel llevaban ya más de un mes bombardeando Irán, un cohete despegó de Cape Canaveral rumbo a la Luna. La coincidencia es brutal: el mismo gobierno que lanzó la Operación Furia Épica contra Teherán firmó también el billete de cuatro astronautas hacia el espacio profundo. Trump felicitó a ambas tripulaciones.

La misión Artemis II, la primera con tripulación humana más allá de la órbita terrestre desde 1972, completó el pasado lunes un sobrevuelo histórico de la cara oculta de la Luna. Durante cuarenta minutos, los cuatro astronautas quedaron en silencio absoluto para la Tierra: sin señal, fuera de todo conflicto. Mientras tanto, en Beirut caían bombas israelíes. En Teherán, un alto el fuego frágil trataba de sostenerse.

La humanidad, en aquella semana de abril, ha conseguido algo difícil de explicar: hacer ambas cosas a la vez. Alcanzar un récord de distancia de más de 406.000 kilómetros de la Tierra, y también acumular más de 180 civiles muertos en un solo día en el Líbano. Enviar imágenes inéditas de cráteres lunares y cerrar el estrecho de Ormuz, poniendo en jaque la economía mundial.

El programa Artemis es genuinamente admirable en sus logros técnicos y humanos. Pero resulta más difícil celebrarlo sin matices cuando el mismo liderazgo político que lo impulsa amenaza con destruir «toda una civilización» si Teherán no abre una vía marítima. La grandeza y la barbarie viajan juntas en la misma época.

El Viernes 10 de abril, la cápsula Orión amerizó frente a las costas de San Diego. Cuatro personas salieron del agua. Y la Luna sigue brillando sobre nosotros con su indiferencia habitual, igual con sus cráteres que fotografiaron los astronautas y sobre las ciudades que esta semana han ardido aquí abajo. Ojalá supiera hacernos mejores.

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