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Opinión | Al azar

Begoña Gómez paga por sus predecesoras

Archivo - La mujer del presidente del Gobierno, Begoña Gómez, Archivo.

Archivo - La mujer del presidente del Gobierno, Begoña Gómez, Archivo. / Eduardo Parra - Europa Press - Archivo

Si los periodistas no pueden hablar de Derecho, los jueces tampoco deberían hablar de Información, así que es preferible que cada cual hable de lo que le plazca, según sus juicios y prejuicios le den a entender. Con esta licencia, es ejemplar el comportamiento periodístico de un fiscal general que se llamaba Álvaro García Ortiz, al salir enérgico en defensa de su cargo y por tanto de su profesión. Se le había acusado cuando menos de entorpecer un acuerdo por motivaciones políticas, una falsedad reconocida por todas las partes implicadas. Recibió condena de acuerdo con el principio de la voluntad jurídica, sintetizado en la expresión atribuida y que hubiera casado al cardenal Richelieu. «Dadme seis líneas escritas de la mano del hombre más honesto de Francia, y encontraré razones para colgarle».

La situación cambia con Begoña Gómez. El fiscal general no debería arrepentirse de su comportamiento, y puede reiterarlo si volviera a enfrentarse a las mismas circunstancias. En la esposa de Sánchez, los juristas decidirán sobre el problemático encaje penal del «aprovechamiento singular de su posición relacional», con el lubricante de la ideología. Ahora bien, las contrataciones y sobre todo la cátedra de la Complutense constituyen algo peor que un crimen, son un escándalo y un error. La ahora procesada paga por sus predecesoras, no hay primera dama que no se beneficiara de su residencia temporal.

Al margen de la endeblez reprochada por sus superiores al juez instructor, Begoña Gómez no volvería a hacerlo, aunque tampoco habrá ocasión de comprobarlo porque la desalojan el año que viene. Si gozara de una segunda oportunidad, se ahorraría las citas en la Moncloa y la equívoca condición de directora de cátedra no catedrática. Ahora bien, cómo puede no saber la parte contratante que está contratando a la esposa del primer ministro. Y sobre todo, cómo puede la contratada no ser esposa del presidente, un cargo conyugal sin dimisión prevista. En fin, Melania Trump se embolsó al menos 40 millones de Amazon por su documental en la Casa Blanca.

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