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Opinión

Baleares, destino refugio no exento de riesgos

Rosario Sánchez, secretaria de Estado de Turismo

Rosario Sánchez, secretaria de Estado de Turismo / PSIB

Además del drama humano, la inestabilidad geopolítica en Oriente Medio por la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán ha introducido un factor de extrema preocupación en el comportamiento de la economía global y del turismo, en particular. A corto plazo, Baleares se está beneficiando del efecto «destino refugio». La percepción de seguridad frente a otros enclaves turísticos del Mediterráneo oriental ha provocado un trasvase de viajeros hacia lugares considerados estables. Este fenómeno ya se traduce en un aumento de la demanda, así como en una mejora de las previsiones para la temporada 2026, según los datos expuestos esta semana por Exceltur. Las ventas turísticas se han incrementado un 5,3% en el primer trimestre del año y podrían alcanzar el 6% en el segundo. En paralelo, las estadísticas del INE muestran un arranque de año con menos visitantes, pero con un mayor gasto turístico, lo que viene a constatar la evolución hacia esa pretendida transformación del modelo, fundamentado en el valor y no en el volumen, tan necesario en un territorio frágil y limitado que no da más de sí.

La misma guerra que desplaza turistas hacia Baleares está generando tensiones en el coste de los suministros, especialmente por el encarecimiento del petróleo, como consecuencia del cierre del estrecho de Ormuz, por el que circula una quinta parte de los hidrocarburos del planeta, y de los ataques a instalaciones energéticas en la región que tardarán años en recuperarse. Dado que el acceso a las islas depende casi exclusivamente del transporte aéreo, el destino queda muy expuesto al impacto de las posibles restricciones en la operatividad de los vuelos. El director general del Consejo Internacional de Aeropuertos Europe, Olivier Jankovac, ya ha alertado que el sector aéreo de la UE sufrirá escasez en tres semanas si no se reabre el estrecho de Ormuz, al tiempo que ha señalado la oportunidad que se abre para potenciar la producción de combustible sostenible en la aviación generado a partir de residuos, frente al queroseno fósil. El incremento en el precio del combustible se traduce en billetes más caros, un elemento que puede distorsionar las buenas perspectivas del sector. El visitante reajusta el presupuesto reduciendo días de estancia o recortando otros gastos, desde restaurantes a compras en comercios o excursiones. En paralelo, los precios hoteleros mantienen una tendencia al alza, impulsada tanto por la demanda como por el incremento de costes operativos. No obstante, el margen de subida no es ilimitado, el mercado puede resentirse, especialmente en el segmento medio.

De cara al futuro, todo dependerá de la evolución del conflicto, como han coincidido en subrayar esta semana la secretaria de estado de Turismo, Rosario Sánchez, y el vicepresidente del Govern, Antoni Costa. Una escalada prolongada tendría efectos devastadores por el incremento sostenido de costes y la erosión en las economías de los principales mercados emisores. En este contexto, las islas afrontan una paradoja: resultan un destino especialmente atractivo por el factor seguridad, pero a su vez se muestran muy dependiente de elementos externos que escapan a su control y que impactan no solo en el turismo, también en la vida de los ciudadanos. No hay que caer en el alarmismo, pero sin una pronta desescalada bélica el destrozo puede ser mayúsculo.

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