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Opinión | DÉCIMA AVENIDA

Una tragedia americana

Votantes, congresistas y partidos que han elegido y sostienen una presidencia imprudente han convertido la incompetencia en la norma democrática en Estados Unidos

El presidente de EEUU, Donald Trump.

El presidente de EEUU, Donald Trump. / KAY NIETFELD / DPA / EUROPA PRESS

«Todos sois preciosos. Desde aquí arriba somos una sola cosa: Homo sapiens, todos nosotros, sin importar de dónde vengas ni cómo seas, somos un solo pueblo». Desde el célebre «Un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la humanidad» de Neil Armstrong, las epopeyas espaciales son proclives a los grandilocuentes mensajes de fraternidad humana. Victor Glover, el primer astronauta negro en una misión lunar, dejó su propia frase para la posteridad en la misión de Artemis, sin duda un motivo para reconciliarnos con la condición humana y el mejor rostro de lo que Estados Unidos es capaz de hacer.

El problema es que, aquí abajo en la Tierra, todos seremos Homo sapiens, pero hay Homo sapiens y Homo sapiens, y después está Donald Trump. Más allá de dos grandes esferas ideológicas -el movimiento MAGA (y no todo) y la facción del sionismo que lidera Binyamín Netanyahu, con sus correspondientes seguidores y palmeros-, la guerra que ambos dirigentes han desatado contra Irán es, en términos clásicos, una hamartia (un error fatal) que ha desencadenado una tragedia.

El drama, el error, la tragedia

En un artículo en The New York Times titulado Cómo Trump llevó a EEUU a la guerra contra Irán, los periodistas Jonathan Swan y Maggie Haberman han desvelado el drama de la obra, el proceso en la Casa Blanca que llevó a la nefasta decisión de consecuencias trágicas. El 11 de febrero, Netanyahu le presentó a Trump lo que Israel vendió como una oportunidad de oro: que el arsenal balístico de Irán podría destruirse en unas pocas semanas, que el régimen estaba tan debilitado que no podría cerrar el estrecho de Ormuz y que la posibilidad de que Irán atacara intereses de EE UU en los países vecinos era mínima. Netanyahu sostuvo que las protestas en Irán se recrudecerían y serían tumultuosas, creando las condiciones para un cambio de régimen.

Solo 24 horas después, la CIA informó a Trump que asesinar a la cúpula del régimen y desmantelar la capacidad militar de Irán eran dos opciones viables, pero la insurrección y el cambio de régimen eran, en palabras de John Ratcliffe, director de la CIA «farcical», que podría traducirse como ridículo, absurdo, una farsa.

El artículo de Swan y Haberman describe con sumo detalle que a Trump se le informó de lo que ha acabado sucediendo después del ataque. Lo peor, sin duda, es que el equipo de colaboradores más estrecho del presidente no se opuso de forma frontal a la decisión, a pesar de contar con toda la información. Dejaron a Trump seguir sus instintos. «Esto suena bien», le dijo el presidente a Netanyahu. Y la decisión, en el fondo, ya estaba tomada. La hamartia y la tragedia son reales. El drama en la Casa Blanca descrito por Swan y Haberman es demencial, propio de un país autoritario en el que el amado líder es idolatrado por sus instintos.

Plena responsabilidad

No se le puede conceder a EEUU el beneficio de la ignorancia a ningún nivel de responsabilidad. Sus expertos tenían la información de lo que implicaba atacar a Irán. JD Vance, Marco Rubio et al. tenían y entendieron la información que militares y espionaje pusieron a su disposición. Los congresistas que protegen a Trump saben quién y cómo es el presidente. El electorado que lo eligió después de su primer mandato, también. Por qué el país que es capaz de enviar el Artemis al espacio ha llegado a este punto de incompetencia y la tolera de forma sostenida en el tiempo es uno de los debates más apasionantes de nuestro tiempo. Próxima estación: desmantelar la OTAN.

Las respuestas clásicas (el cabreo del hombre blanco, las burbujas de atención de las redes, el pendulazo reaccionario en todo el mundo, el extraño carisma del personaje) no dan todas las claves. Analizarlo desde una torre de marfil de superioridad moral es inútil. Buscar causas profundas -la lógica en el caos, el parto de un nuevo orden mundial...- ayuda, pero convierte la guerra en Irán en un despropósito aún mayor: en nada beneficia a EEUU, algo que ha sido obvio para todos los presidentes que ha habido durante este siglo. Buscarlas en la psique del presidente (vanidad, escasa solidez intelectual, etcétera) da solo para chascarrillos en X.

La fotografía global arroja dos posibles respuestas: un acto de frivolidad suicida de la sociedad estadounidense que el propio sistema remediará o bien el efecto Nerón: asistimos a un fallo multiorgánico que algunos ya resumen en voz alta en la decadencia de EEUU, por mucho que Artemis pudiera sugerir lo contrario. Las dos imágenes son inquietantes.

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