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Opinión | Tribuna

Jordi Cubain Arenas

Jordi Cubain Arenas

Profesor de marketing

El espejismo de las encuestas

José Félix Tezanos

José Félix Tezanos

Por mucho que cada nueva encuesta se presente como una fotografía precisa de la realidad, lo cierto es que, desde la experiencia en marketing, la docencia en investigación comercial y el análisis de los medios y sus encuestas, uno aprende pronto que la demoscopia es menos ciencia exacta de lo que nos quieren hacer creer… y más relato de lo que se reconoce.

Planteo a mis alumnos de la UIB un ejercicio recurrente: analizar diferentes encuestas de intención de voto publicadas en un mismo periodo. El objetivo no es acertar quién ganará las elecciones, sino detectar dónde está el error. Y lo interesante es que casi siempre aparece. No analizamos sólo el resultado sino las múltiples capas de la investigación: la formulación de las preguntas, el tamaño y composición de la muestra, la fecha y el tipo de recogida de datos o, directamente, la interpretación final.

Una encuesta que analizaremos a la vuelta del parón de Pascua es la publicada hace unos días dando como titular «una clara victoria al PP de Balears (25,46%)» y anunciando que la segunda fuerza seria VOX (21,59%) por delante del PSIB (20,37%). Sorpasso de los de Abascal al PSOE en Balears. El problema es que, cuando analizas a fondo la ficha técnica, te das cuenta de que la diferencia de porcentaje de intención declarada de voto entre ellos no es suficiente como para afirmar tan rotundos titulares: con un margen de error de ±4,9%, las diferencias que sustentan el titular podrían invertirse por completo. Pero esa matización, curiosamente, rara vez se dice.

Porque la encuesta, en sí misma, no es el problema. El problema es cómo se construye… y sobre todo cómo se interpreta y cómo se presenta.

Se habla con ligereza de conceptos como «fecha de campo», «muestra representativa», «margen de error» o «nivel de confianza», como si fueran garantías absolutas de rigor. Pero en demasiadas ocasiones estos términos funcionan más como coartadas técnicas que como elementos de transparencia. Se convierten en escudos que legitiman titulares previamente buscados y premeditados. Y ahí es donde la investigación deja de ser herramienta para convertirse en instrumento.

A esto se suma un elemento clave que rara vez se explica al gran público: las ponderaciones. Es decir, los ajustes que se aplican a los datos recogidos para «corregir» desviaciones de la muestra o sesgos de la investigación. Un proceso totalmente legítimo dentro de la investigación de mercados, sí, pero también profundamente subjetivo. Porque ponderar implica decidir qué es más representativo… y qué lo es menos. Y ahí entran los criterios, las hipótesis y, en muchos casos, los intereses.

Dicho de otra manera: la cocina existe. Y es legal.

No hablamos de fraude, sino de interpretación. Pero la frontera entre interpretar y orientar el resultado hacia una narrativa concreta es, en ocasiones, peligrosamente difusa. Y cuando esto ocurre en el ámbito político, las consecuencias son evidentes: se construyen percepciones que pueden influir en el comportamiento del votante.

En este contexto, resulta especialmente llamativa la reciente denuncia del PP contra José Félix Tezanos, director del Centro de Investigaciones Sociológicas-CIS. Más allá del ruido mediático, lo cierto es que difícilmente llegará a ningún puerto. No porque todo esté bien hecho, sino porque la propia naturaleza de la investigación demoscópica hace muy complicado demostrar una mala praxis o intencionalidad en términos legales.

Y aquí está la paradoja: se denuncia lo que no se entiende.

Porque quien conoce mínimamente los principios de la investigación de mercados sabe que no existe una única verdad en los datos. Existen metodologías, decisiones y, sí, también interpretaciones. Pretender judicializar eso es ignorar la esencia misma de la disciplina.

Por eso, insisto tanto en mis clases: no se trata de creer o no en las encuestas, sino de aprender a leerlas. De cuestionarlas. De entender qué hay detrás de cada porcentaje. Porque, al final, la demoscopia no deja de ser un modelo, un reflejo imperfecto de la realidad… creado muchas veces por quien sostiene el espejo.

Como dijo Arquímedes de Siracusa: «Denme un punto de apoyo y moveré el mundo». En demoscopia, el punto de apoyo son los datos. Y quien decide dónde colocarlo… es quien realmente decide el resultado.

Tezanos no es el problema, sino quien pretende que los datos validen su relato.

TEMAS

  • investigación
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  • Balears
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