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Opinión | Al azar

El Ventorro absuelve a Mazón

Fachada del restaurante El Ventorro, en el centro de Valencia.

Fachada del restaurante El Ventorro, en el centro de Valencia. / F. Bustamante

En el lenguaje político, cuesta encontrar un comportamiento más culpable que el asumido por Carlos Mazón en la Dana de Valencia. En el orbe penal, el expresidente está absuelto. No es inocente a pesar del Ventorro, sino gracias al Ventorro, inmunizado por un banquete de duración y dimensiones pantagruélicas. Siguiendo la doctrina jurídica aquí aplicada, un dirigente político se guarecerá en el restaurante de moda en caso de catástrofe, con una compañía adecuada y la seguridad de que la responsabilidad recaerá sobre quienes se han mantenido en ayunas. La buena fortuna del preimputado obliga a plantear una disyuntiva, ¿prefiere usted ser juzgado por lo penal o por lo político? Nadie hubiera pensado que la opción más punitiva fuera también la más lenitiva.

La instructora de Catarroja señala que, para el entonces presidente de la Generalitat, «la emergencia se detuvo en el reservado del Ventorro». No solo es la frase más lapidaria de la prosa judicial reciente, también el prodigio de síntesis a que aspira cualquier escritor conceptista. A pesar de la precisión radical, se ha tenido que conformar con el paternalismo del plenario del Tribunal Superior, porque destacar «el esfuerzo y laboriosidad de la jueza instructora» arroja sal en la herida, por no hablar del léxico decimonónico. Sobre todo, si a continuación se apuñala a la elogiada al atribuirle «meras conjeturas», una grave imputación entre colegas. Y el auto se pone estupendo al subrayar que «no nos corresponde analizar la conducta del aforado desde un punto de vista moral». ¿No administran los tribunales el sacrosanto ‘honor’, que la RAE define como una «cualidad moral»?

La instructora debe conformarse precisamente con una ríspida victoria moral, que ha querido enderezar con un bricolaje testifical. «La responsabilidad de Mazón se detuvo en el reservado del Ventorro», queda absuelto por esquivar su obligación ineludible de timonear la tragedia. El error de partida consiste en la relevancia concedida a la esfera penal, que fracasó incluso en la sencilla tarea de neutralizar al delincuente Donald Trump.

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