Opinión | Tribuna
A veces los opinadores coincidimos

Un tren de SFM circula por el corredor entre Palma e Inca. / D. M.
Los comentaristas, opinadores, analistas y demás ojeadores de la actualidad, como decía el amigo Antoni Serra refiriéndose a los escritores, somos privilegiados inútiles porque nos publican y no movemos nada; pero a veces acertamos. Viene a cuento el artículo porque este gobierno de Prohens rehén por necesidad, desmantelando en lo posible los consensos culturales y entregado a la castellanización impuesta por Vox, acierta sin embargo en la cuestión de las infraestructuras de movilidad.
Como hiciera Jaume Matas en su nada modélica presidencia que tuvo, sin embargo, al acierto de ser visionario y valiente en cuestión de infraestructuras de movilidad, impulsando las autopistas de Campos, la ampliación de la autopista hasta sa Pobla, soterrando el Parc de Ses Estacions, y creando la Intermodal y el metro a la UIB.
Con Prohens, el metro, en su propia esencia metropolitana prolongado hasta el Parc Bit por decisión de la última presidencia de Armengol, toma impulso por decisión personal, con su propio proyecto de movilidad al decidir llevarlo a Son Espases y hasta Secar de la Real. El metro a Son Espases aporta que millones de usuarios puedan prescindir del tedioso bus y plantearse dejar el coche en casa, además supone la conexión con la futura Ciutat de la Justicia, otro cuello de botella con concentración de usuarios cuando se construya, en las inmediaciones de Son Pardo; además, con la previsible prolongación hasta Son Moix, el estadio contaría con un eficaz transporte para acudir a los partidos de fútbol u otros eventos multitudinarios.
La señora Prohens se asegura un lugar de preeminencia y rentabilidad política con esta decisión y la del tren al aeropuerto en lugar del tranvía.
La conexión ferroviaria con el aeropuerto y hacia Llucmajor, descartado el tranvía, no sería una solución que mejorase sensiblemente el servicio de bus actual y resultaría del todo inadecuada, si de lo que se trata es construir un eje de conexión rápido y seguro entre el centro de Palma y el aeropuerto. Además, la opción del tren permite enlazar servicios como el complejo deportivo de Germans Escalas y Son Llàtzer, con Palma y con otros núcleos de la conurbación de Palma. Y los núcleos poblacionales de Arenal, s’Aranjassa, el polígono de Son Noguera y Llucmajor y, en su previsible proyección, Campos y Felanitx, para enlazar con Manacor. A veinte años vista.
Lo del tren, la apuesta decidida por el ferrocarril, se la debemos a la primera presidencia de Francesc Antich, en el primer Pacte de Progrés. Rescató el tren de Inca a Manacor, poco antes de que caducara la concesión del terreno sobre el que discurrían lo que quedaban de las viejas vías de 1875, volviendo a llevar el tren a Manacor y sa Pobla. Y fue otro gobierno progresista, el de Francina Armengol, quien lo electrificó.
En 2003 publiqué un artículo titulado Un AVE para Mallorca en el que planteaba la necesidad de un tren de media velocidad (120 km/h) entre Palma y Llucmajor, y hacia Porreres y Manacor, y ahora añadiría, sin duda, pasando por Felanitx.
El trazado que exponía en el artículo sugería que la línea enlazara con Can Pastilla porque preveía, como aporté detalladamente al actual equipo del alcalde Martínez en un texto sobre actuaciones estratégicas, que debía pasar por Son Ferriol con estación en el actual límite oriental del núcleo de población, donde es viable construir un nuevo polígono residencial con capacidad de 4.000 viviendas de inicio, similar al núcleo original de Son Ferrer, en Calvià; construido a principios de los años setenta del siglo pasado para dar solución al problema de la vivienda en la época.
Me felicito, por supuesto, porque este gobierno haya tomado las iniciativas del transporte ferroviario como actuaciones prioritarias para articular el territorio y actuar con coherencia ante la evidencia de que Mallorca debe ser considerado como territorio con características de conurbación metropolitana diluyendo la originaria separación conceptual entre Ciutat y Part Forana. Esa fue la posición teórica del malogrado geógrafo Albert Quintana Peñuela, a finales de los setenta, que con su tesis «El Sistema urbano de Mallorca» expuso una visión preclara de cómo iba a desarrollarse el futuro socioeconómico de la isla.
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