Opinión
El escupitajo de Abascal

El centro sociosanitario en el que residía Noelia, esta tarde con seguridad de los Mossos d'Esquadra. / Zowy Voeten
La fragilidad de Noelia provocaba un gesto instintivo de protección. Su voz era débil, pero no la voluntad que cincelaba cada una de sus palabras. Mientras la compasión arañaba el sentir general, hubo quien siguió abusando de Noelia hasta el último momento. Usándola únicamente para sus propios fines. Y no, no estoy hablando de ese padre que desatendió a su hija de diversos modos, ni de esa pandilla de carroñeros que se aprovecharon de ambos para sus sádicas cruzadas en los tribunales.
«Estoy muy afectado por esta noticia. El Estado le quita a una hija a sus padres. Los Menas la violan. Y la solución que le da el Estado es suicidarla. La España de Sánchez es una película de terror», publicó Santiago Abascal en X (antes Twitter). Hay tantas mentiras, tanto racismo, tanta incitación al odio en esos 197 caracteres, que resulta indigno de un cargo democrático.
Primero, la obviedad. El Estado no «quitó» ninguna hija. La situación de Noelia era de tal desamparo que, de julio de 2015 a febrero de 2019, permaneció en centros tutelados de la Generalitat. Sus padres en ningún momento han denunciado ese secuestro. La violación múltiple que sufrió Noelia fue en 2022, cuando ella tenía 21 años. Entonces, ya sufría un largo vía crucis de enfermedades mentales y abusos. El Estado no la ha suicidado. Después de que ella buscara la muerte tirándose al vacío y quedando parapléjica, solicitó la eutanasia. Su decisión fue avalada por todos sus médicos, por los 19 miembros del comité médico y jurídico de la Generalitat y por hasta seis instancias judiciales. Entre ellas, el Supremo, el Constitucional y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH).
Señalamiento
Pero, sin duda, lo más lacerante del mensaje de Abascal es el gravísimo señalamiento a menores extranjeros. Englobados en ese deshumanizador acrónimo de «Menas», les culpa de una violación sin que haya rastro de culpabilidad ni los hechos encajen con las fechas. Su tuit es el dedo del Ku Klux Klan acusando falsamente a un negro de violación. Son los bulos que culpaban a los judíos de envenenar el agua y de propagar la peste negra; es la Inquisición culpándolos de crímenes inexistentes. Calumnias que provocaron linchamientos y expulsiones.
Abascal se burla del conocimiento médico y jurídico. Se burla del amplísimo apoyo social que tuvo la aprobación de la ley de la eutanasia. Y se burla del sufrimiento de Noelia. Todo, con el único objetivo de cargar contra el Gobierno y adoctrinar en el odio. El mensaje real de su tuit es tan simple que da asco: Este gobierno «de terror» secuestra a hijas españolas, las pone en manos de pérfidos invasores infieles y, después, las mata. Lo peor es que ese mensaje será la verdad que quedará en la mente de una buena parte de la población.
Mientras el escupitajo de Abascal se hacía viral, Vox fue el único partido que votó en contra del plan anticrisis por la guerra de Irán. Esa es la medida real de su humanidad. «No me gusta nada por qué camino va el mundo, la sociedad», dijo Noelia en su triste testimonio público.
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