Opinión | Entrebancs
Sostenibilidad turística
Hoy deberíamos ir asimilando que no será la cantidad, sino la competitividad a medio plazo ligada a una calidad de la ofera y los servicios lo que marcará el éxito de temporadas futuras

Una grúa traslada una estructura de la pasarela elevada exterior / Miguel Vicens
Si consideramos como positivas las expectativas turísticas ante esta nueva Semana Santa, incluidos sus ‘puentes’ así como las reservas previstas de vuelo y de alojamiento, estas permiten definir las perspectivas turísticas de la ya próxima temporada alta. Pero la pregunta clave es si «el turismo que viene» ha de seguir el sendero de los últimos años, o debe cambiar el enfoque hacia la tan nombrada «sostenibilidad».
¿Vamos a seguir valorando las temporadas turísticas por los millones de turistas y de estancias al año? ¿Necesitamos, además, que estos indicadores deban crecer año tras año para sentirnos satisfechos? ¿Por qué algunos le llaman «sostenibilidad» cuando quieren decir «rentabilidad empresarial»?
Se ha abierto un debate acerca de si es necesario limitar la presencia de turistas; se supone que, en temporada alta, que algunos califican como saturación, masificación… ¿Qué entendemos por saturación turística? Crecimiento excesivo de visitantes que hace que un lugar se masifique y los residentes sufran las consecuencias y cambios permanentes en sus estilos de vida, su bienestar social y su acceso a los servicios y bienes comunes. ¿Qué entendemos por masificación? Se refiere al «fenómeno» en el que un destino turístico recibe más visitantes de los que puede manejar de manera sostenible.
El punto de partida es claro: sí importa el número de visitantes, pero podemos morir de éxito. Hoy deberíamos ir asimilando que no será la cantidad, la rentabilidad a corto plazo gracias al volumen de pernoctaciones, lo que marcará el éxito de nuestras temporadas futuras, sino la competitividad a medio plazo ligada a una calidad de la oferta y de los servicios, y a una triple sostenibilidad: medioambiental, económica y social. Llegan turistas de menos touroperadores y paquetes vacacionales clásicos, de más reserva directa y diseño personalizado. El éxito no podrá depender solo de alcanzar ocupaciones casi absolutas, sino de la satisfacción de un cliente que ha encontrado el bienestar que buscaba, y se fideliza, y se convierte en la mejor promoción con sus comentarios.
Es parte esencial del producto turístico de Balears la protección y gestión de nuestro territorio, de nuestros recursos naturales y medio ambientales… que, condicionados por la insularidad, son relativamente escasos y frágiles. Acudamos a nuestra realidad. Nuestras infraestructuras, equipamientos y servicios tienen su propia capacidad de acogida. Pero su uso y abuso extensivo e intensivo (red viaria, aeropuerto, tal o cual espacio natural…) sin limitaciones ni control de flujos, puede provocar la insatisfacción del cliente, del residente y del ciudadano. Valga como ejemplo el tráfico de cruceros, o el alquiler turístico de pisos.
Frente a tales realidades se producen diversas reacciones. Unas (haberlas haylas) que consideran al turismo como valor refugio de fondos de inversión extranjeros y nacionales que acaparan dos tercios de la inversión hotelera en Balears, lo que implica un cambio de objetivos y gestión. En su cotidianidad centran sus propuestas en ampliar nuestras infraestructuras (carreteras, depuradoras, desalinizadoras…), para posibilitar un acceso abierto sin límites a la demanda facilitando el uso de las áreas y espacios naturales, creando zonas de aparcamientos y nuevos servicios. Y, como es lógico, liberalizar la construcción y el uso turístico, incluidos nuestros espacios agrícolas.
Pero también otras, (haberlas haylas), que proponen un modelo turístico sostenible en base a los siguientes objetivos: crecimiento socioeconómico, para lo que se deberá trabajar en favor de la competitividad y rentabilidad del sector, apostando por la calidad y acelerando el proceso de diversidad y transformación, preservación de los valores naturales y culturales, partiendo de la base que la conservación de nuestro extenso patrimonio cultural y natural es un objetivo prioritario. Beneficio social, para conseguir un reparto de los beneficios del sector. Participación y gobernanza, vertebrando mecanismos de gobernanza participativa con las Administraciones competentes a todos los niveles. Adaptación permanente, dado que no se trata solo de buscar la calidad y la mejora, sino también de posibilitar que el sector tenga capacidad de respuesta frente a posibles nuevas perspectivas sostenibles
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