Opinión
La ecuación voto-poder

Un colegio electoral, a 15 de marzo de 2026, en Valladolid, Castilla León (España). / Pablo Requejo / Europa Press
La identidad última de Europa, la base y a la vez santo y seña de su actual existencia, es la que llamo «ecuación voto-poder», en virtud de la cual el poder soberano viene del voto y el voto del poder, obligado a asegurarlo y defenderlo. Es una fórmula sin precedente en la historia, basada tanto en la igualdad del voto como en ser la voluntad popular («el poder viene del pueblo») la fuente primaria de la soberanía. Por su propio efecto igualador que, a la hora de manifestarse, se sobrepone a todas las diferencias, siempre ha sido asediada por cuantos tratan de imponer otras fuentes de poder, que nunca deberían achicar el peso de la voluntad del pueblo libremente expresada. Ahora bien, la condición de existencia de esa voluntad son las libertades públicas, corolario de los derechos humanos, de forma eminente la opinión libre. La Europa a defender es la patria de todo esto, antes que nada.
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