Opinión
El barrio de ses Veles de Palma no quiere perder su zona verde

Más de 200 personas forman una cadena humana contra el macroproyecto de GESA al grito de “¡Parque sí, cemento no!” / Guillem Bosch
Los vecinos del barrio de ses Veles le dijeron ayer al Ayuntamiento de Palma de forma muy clara que no cambian su zona verde de primera línea por el macroproyecto municipal que acabará con ella. Que rechazan la construcción en ese espacio de un aparcamiento subterráneo de 700 plazas, de soterrar la calle Joan Alcover aprovechando la pendiente del terreno para prolongar su recorrido hasta la vía de entrada y salida de Palma y, sobre todo, de levantar los dos edificios de equipamientos previstos en el Plan General en lo que hoy es una zona verde pública: un inmueble de cuatro plantas, con dos de ellas bajo tierra, y otro de dos plantas en superficie.
Aceptan que se recupere el edificio de Gesa, se dignifique y se le otorgue un nuevo uso después de tantos años de abandono, pero no perder las vistas despejadas de primera línea que llevan reivindicando más de veinte años, la luz que entra en el barrio desde el mar y el uso ciudadano tan importante de esa zona verde, que nunca ha sido un parque, sino solo un terreno despejado con la hierba cortada a ras de suelo, pero es el mejor espacio público con el que cuentan en el barrio.
"Parque sí, cemento no", volvieron a repetir ayer los aproximadamente 200 ciudadanos que acudieron a la cadena humana para reivindicar la pervivencia de la zona sin más añadidos.
Antes de llevar a cabo proyectos de gran envergadura como el del edificio de Gesa y, sobre todo, el desarrollo de su entorno, presupuestado en 90 millones de euros sin contar lo que le costó al consistorio recuperar la propiedad del edificio diseñado por Josep Ferragut, quizá al Ayuntamiento de Palma le saldría más rentable realizar un trabajo previo de estudio de las carencias de un barrio como el de ses Veles, así como de los usos que sus ciudadanos consideran más importantes para la comunidad. Sobre todo, para no ir en dirección contraria e invertir en lo que justamente el barrio rechaza.
Y parece que ni el aparcamiento de 700 plazas, ni el soterramiento de la calle Joan Alcover, ni mucho menos la desconfiguración por dos construcciones de su actual zona verde de primera línea, se encuentran en estos momentos en esa línea de deseos y necesidades, pese a la fortuna que Cort proyecta invertir. Quizá sería necesario enmendar ese error y corregir el proyecto municipal antes de que sea demasiado tarde.
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