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Opinión | Tribuna

Si tu l’estires per aquí…

En el mes de septiembre del año 2022, el que suscribe este artículo (secretario autonómico de memoria democrática en aquel momento) y el entonces senador Vicenç Vidal, le reclamamos al Gobierno del estado que incluyera en el texto de la futura ley de memoria democrática estatal el monumento de sa Feixina de Palma, y otros elementos franquistas que aún hoy ensucian nuestro paisaje urbano.

Por supuesto, no se nos hizo el menor caso, y en la redacción definitiva aprobada en octubre de 2022 ninguno de estos elementos antidemocráticos quedó señalado de forma específica, a diferencia de algunos lugares que sí fueron incluidos, probablemente porque tuvieron mejores padrinos.

Es muy probable que, de haber contado con el aval de la legislación estatal, el derribo del monolito se pudiese haber llevado a cabo en 2023, antes de que el gobierno de Margalida Prohens, apoyado por los filofascistas que marcan su agenda, se dedicara a proteger cualquier elemento que rememore su pasado común franquista, y a derogar la ley que protege a las víctimas de esta.

Pero no fue así, y ahora nos gobiernan los herederos de la dictadura que cometió los crímenes de guerra de «La Desbandá» en la carretera de Málaga en 1937, que inspiraron ese horrible mamotreto que sigue ocupando espacio público en Palma, que ahora estrena la máxima protección patrimonial municipal. Y se trata de una protección ideológica, no les quepa la menor duda, sin nada que ver con valores patrimoniales, que les han servido como excusa y pretexto legal. Todos recordamos el respeto demostrado por la derecha cuando destruyeron el puente del tren de Gaspar Bennassar con nocturnidad y alevosía. Si el monumento de sa Feixina hubiera estado dedicado a los héroes del Acorazado Potemkin, hoy en día solo quedaría gravilla, y hasta el alcalde Martínez en persona, escoltado por sus amigos franquistas, hubiera colocado personalmente la dinamita para la voladura en acto público y solemne, y sin importarle un pimiento quien fue el arquitecto, o si pertenecía al estilo art decó.

La verdad es que no se puede esperar otra cosa, la gente del PP y de la ultraderecha defiende y protege su tradición familiar, sus símbolos identitarios, el recuerdo del abuelo matando comunistas en la división Azul o en Son Coletes. En definitiva, esta gente defiende su memoria. Fulgencio Coll, caudillo de Vox en palma, hijo de gobernador civil franquista y nieto de alcalde franquista, lo tiene muy claro. Y si queremos un paisaje urbano libre de esa costra totalitaria, conviene que el conjunto de las personas demócratas también lo tenga claro y defienda la memoria democrática. Hace unos días, el Gobierno incluyó por fin sa Feixina en la lista de cosas fachas que hay que hacer desaparecer para mejorar nuestro entorno desde una perspectiva democrática, un poco tarde (en Alemania lo hicieron en 1945). Veremos si esto evoluciona en una posibilidad para que, por fin, el monumento de sa Feixina desaparezca, y miles de víctimas puedan respirar tranquilas sin tener que pasear cada día a la sombra de símbolos del régimen que asesinó a sus familiares.

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