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Opinión | Tribuna

Miguel Angel Borrás

Miguel Angel Borrás

Exconseller de Medioambiente de Mallorca

Se acabó el paraíso de los almendros

Las islas han pasado de ser un lugar de producción primaria, a la desaparición de la leche y quizás también de la patata, y ahora solo somos un lugar de consumo

Se acabó el paraíso de los almendros

Se acabó el paraíso de los almendros / .

Nuestros almendros se mueren, la xylella es culpable pero, ¿es la única culpable? Esa imagen idílica de los almendros en flor que sembraron los agricultores antaño al rebufo de la Sociedad de Amigos del País, y del cual se beneficiaron también los primeros hoteleros, está en decadencia y es imparable. ¿Qué futuro tendrá la agricultora mallorquina si los hijos del campo prefieren dejar los cultivos en barbecho a deslomarse de sol a sol por nada?

Alternativas las hay, pero las islas han pasado de ser un lugar de producción primaria a la desaparición de la leche, y quizás también de la patata, y ahora solo somos un lugar de consumo. Con este contexto el campo agrario muere y desaparece, a pesar del esfuerzo de valientes agricultores y ganaderos que con la ayuda de inmigrantes y de la PAC, se resisten a claudicar. ¡Nosotros compramos productos mallorquines!

A los payeses se les niega la posibilidad de mantener sus possesions, les impiden recibir ayuda económica de las instalaciones fotovoltaicas u otras fórmulas que puedan ayudar a su supervivencia y evitar la venta de su legado y patrimonio familiar a los extranjeros. Al payés le niegan el pan y la sal, les dificultan vivir del agroturismo y la energía mientras en Palma fomentan los hoteles urbanos de lujo y naves industriales subvencionadas con energía solar. El PP lo tiene muy claro: Govern, Consell y Cort, todos a una, negocio solo en Palma y para ricos extranjeros o foráneos; la calidad de vida de los mallorquines no interesa, sobre todo de los jóvenes. El que aguante se queda y el que no se exilia.

¿Qué ha cambiado en el PP que hace suyo el parque agrario socialista que criticó hasta el hartazgo? ¿Es posible que, tras el cierre de AGAMA y del exportador S’Esplet de patata de sa Pobla, Palma vaya a convertirse en el monopolio de la producción agrícola de Mallorca? ¿Estamos ante la creación de falsos guetos agrícolas en el municipio de Palma que nos impiden abastecernos, entre otras cosas, de energía local y renovable tan necesaria para nuestra subsistencia sin emisiones de CO2? Palma, como capital de Balears, hoy no nos representa; por eso, nadie sabe si el parque agrario es una farsa de izquierdas o de derechas.

En estos tiempos, hay que hacer posible que nuestras islas sean autosuficientes, con la energía que necesitamos y alquilando sus tierras, no vendiendo. No hay que dificultar que el pequeño poder económico, que también es imprescindible, pueda subsistir con el alquiler de sus tierras y propiedades, buscando una nueva rentabilidad para el futuro, incluso para el presente a pesar de las guerras y del MERCOSUR que vendrá.

Ud. lo desconoce pero, para la aprobación de un parque solar FV, es obligatorio desarrollar simultáneamente un proyecto de compensación agraria que rehabilite los usos agrarios abandonados en las fincas, como son la gran mayoría en Palma, condición que supone recuperar cultivos extintos y a la vez proveer al propietario rústico de una doble renta: la del alquiler de terrenos para su valorización energética y los réditos por su nueva explotación agraria financiada por el promotor energético conforme a la legislación vigente. En mi opinión, el Ayuntamiento de Palma no lo puede hacer peor en contra de los intereses generales y de los particulares, prohibiendo la energía solar en su municipio y me pregunto sí se trata de pura incompetencia o son intereses espurios, a tenor de la actual crisis energética mundial.

No exijamos al campo que solo sea nuestro jardín colectivo. La periferia de Palma, con un paisaje decadente y de puro barbecho augura, sin duda, que, en Palma, las explotaciones agrarias, sin otras rentas, tendrán tanto éxito como las viviendas de VPO; es decir, CERO. Ayudemos, pues, a rehabilitar el paisaje rural, dándoles nuevos usos rentables para sus propietarios. Todos tenemos que aportar, unos alquilando y no vendiendo y otros facilitando soluciones con futuro.

Resucitemos nuestra forma de ser, como se hizo en 1778 con esa Sociedad de Amigos del País, que, aparte de crear riqueza, levantó nuestra ancestral cultura, que empezó a ser asfixiada desde el Decreto de Nueva Planta. «Amunt ànima forta», dijo Costa i Llobera. Recordémoslo y apliquémoslo ahora.

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