Opinión | La caja de resonancia
Las residencias fulminan el sueño del metaverso
Cobran fuerza las series de ‘shows’ concentrados en una ciudad, como las que este verano ofrecerán Shakira, Harry Styles o Backstreet Boys, con un público dispuesto a viajar para verlos en carne y hueso

Adele en su primer concierto en Múnich
Los diez conciertos exclusivos de Adele en Múnich en agosto de 2024, en un estadio hecho exprofeso (a 70.000 asistentes por tanda) marcaron tendencia, como se veía venir, y ahora es Shakira quien replica la idea con esos shows que planea ofrecer en Madrid, en ese Estadio Shakira de 50.000 localidades. Tres noches que tal vez lleguen a ser hasta diez, según deslizó el alcalde Almeida, torpedeando así la estrategia del suspense y la ansiedad propia del dispositivo de venta de entradas. No creo que en Live Nation hayan sido muy felices con su revelación.
Bien, las residencias de los muy grandes del pop se van naturalizando y, este verano, la de Shakira no será la única en Europa. Harry Styles ha reducido su nueva gira a doce conciertos en el estadio de Wembley y otros diez en el Johan Cruijffs Arena, de Amsterdam, y Backstreet Boys han hecho saber a sus fans que, si quieren verlos, deberán viajar a Düsseldorf, donde el Merkur Spiel Arena los acogerá durante diez veladas.
Grandes ventajas para las promotoras, ya que eso representa menos gastos de producción, y para los artistas, que minimizan vuelos, traslados y molestias. La residencia «hace que el espectáculo sea mejor», declara Styles en Apple Music. Es una opción que, me dicen, los Rolling Stones consideran dada su dificultad física por afrontar tours. Ahí, la delantera la tomó hace mucho Las Vegas, ciudad-casino en el pasado ridiculizada y tachada de decadente último refugio de los gigantes, y que hoy es un epicentro del entertainment con esas series de conciertos con fuerte gancho turístico. Al Sphere, que estrenó U2, no le faltan inquilinos: los Eagles, Carín León, Phish, No Doubt, Metallica.
Es la hora de recordar que, hace cuatro días, a raíz de la pandemia, nos embalábamos hablando de conciertos virtuales, en streaming, en 3D. Pantallas, gafas inmersivas, joysticks con puntero láser. Pero, estos días, Mark Zuckerberg ha anunciado el cierre a su famoso metaverso, sugiriéndonos que su jugada era, como mínimo, prematura, y vemos que no solo asistir a un concierto sino viajar con ese fin para ver al artista en carne y hueso, esté donde esté, ha cobrado una dimensión popular nunca vista, incluyendo a público muy joven que gasta en entradas altas proporciones de sus sueldos y semanadas.
La campaña más aparatosa por lo virtual ha venido seguida del mayor furor de la historia por el concierto físico. Interesante respuesta. En las oficinas del show business estarán encantados: «Gracias, señor Zuckerberg».
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