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Opinión | Al azar

Montero no quería dejar el Gobierno

Pedro Sánchez, junto a María Jesús Montero, en el Congreso de los Diputados.

Pedro Sánchez, junto a María Jesús Montero, en el Congreso de los Diputados. / José Luis Roca

George Lakoff le recomendaba a Zapatero, cuando todavía no ejercía de embajador de Maduro, que mantuviera su discurso sobre los intentos del rival de desviarlo. También Pedro Sánchez ha perdido hasta su olfato indiscutible. El viernes rechazó preguntas sobre la condena a María Jesús Montero al destierro andaluz, por lo que el anuncio de la fecha electoral de Moreno Bonilla ha pillado igualmente desprevenidos al presidente y a su vicepresidenta. La locuaz titular de Hacienda se siente tan despechada que se aferra a que «mi salida del Gobierno es inminente» sin fijarla, o denuncia el «adelanto de la convocatoria electoral» como si fuera tramposo. Se aferra a su escaño en Madrid «porque quiero mantener mi derecho a la plaza hospitalaria», aunque está señalando que en ningún caso apacentará la oposición en el Parlamento andaluz.

Montero se refugia vanidosa en «la apuesta que he hecho yo al venirme a Andalucía», cuando cumple una orden de su jefe. La locuaz pillada a contrapié se aferra a su pertenencia al «círculo íntimo» de Sánchez. Aunque «la persona que me sustituya presentará los Presupuestos del Estado», aclara que le ha dejado el trabajo hecho, un bofetón innecesario a su sucesor.

Se debería repetir a cada frase que Montero, un apellido desdichado en la política española actual, no tenía ningunas ganas de dejar el Gobierno. Arrojada a los leones antes llamados votantes, ha recibido el espaldarazo de Jorge Azcón al compararla desde el machismo con Pilar Alegría, una salpicada de Aldama y la otra de Salazar. Sin embargo, el comentario desde Aragón se amortigua al recordar que la vicepresidenta exaltó la calvicie de Tellado. Dejó claro que la campaña se librará contraponiendo Adamuz a las mamografías, antes de mezclar la sanidad con las bases militares. Descifrando a tientas su discurso ininteligible, la postura de Sánchez contra la guerra habría protegido de una represalia iraní a la comunidad de las bases de Rota y Morón. Por si el PSOE necesita explicarse su catarata de derrotas autonómicas.

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