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Opinión | Pensar, compartir...

Trastos de terrazas

La ocupación excesiva del espacio público reabre el conflicto urbano en Palma

Trastos de terraza amontonados.

Trastos de terraza amontonados. / ÀNGELS FERMOSELLE PATERNA

Qué bien les fue a los bares y restaurantes de Palma el absurdo referéndum propiciado por Podemos y que consagró las terrazas en medio del Born. La entonces flamante formación política creía haber inventado la democracia y en realidad provocaron un daño casi irreparable.

Nos tenemos que comer las terrazas en medio del Paseo más histórico de la ciudad y ahora parece que a los restauradores no les basta con exprimir el jugo, ocupando bastante más lugar del asignado, con letreros luminosos que no están autorizados y con mucho mobiliario extra que no cumple normativa alguna. Ahora se lamentan de que en el Born, y por extensión en toda la ciudad, «no se puede tener una terraza de calidad si hay que desmontarla cada noche». Lo leí en este periódico, en una extensa noticia firmada por Miguel Vicens. Lo decía un gerente de la patronal.

Lo que parece entender el gerente por terraza de calidad es un espacio bunkerizado en el que el cliente debe sentirse como si estuviera en el interior de un restaurante. Y ese es el problema.

Qué conste que para atreverme a escribir la palabra «bunkerizado» he comprobado si estaba aprobada por la RAE, y sí, y si se podía considerar un sinónimo de «aislar», y también; concretamente «aislar de manera extrema».

En una noche de insomnio, fui a comprobar si la noticia publicada por Vicens había surtido efecto disuasorio y la terraza del Born se había recogido. Puedo dar fe de que no. A las 4 de la noche del jueves al viernes pasado seguían amontonados los trastos de dos terrazas en el Passeig. El conjunto estaba compuesto por sombrillas con soportes a prueba de huracanes, butacas de mimbre apiladas de cuatro en cuatro, mamparas con jardineras adosadas y plantas, algunas de hasta 2 metros de altura, numerosas estufas y mesas con tableros plegables en posición vertical. Una monada.

Algunos empresarios que se niegan a cumplir la magnánima normativa de terrazas faltan al respeto a la ciudad, a la ciudadanía y a sus compañeros de profesión, la mayoría de los cuales sí cumple con lo establecido. Es decir, no dejan rastro de la terraza en la calle una vez cumplido el horario permitido.

Evidentemente el mal ejemplo cunde e incluso en la recién remodelada placita de Ecce Homo en la Rambla ya ves sombrillas y pies de las mismas pasando la noche al raso. Eso por citar solo un caso más.

Ahora están presionando para conseguir modificar la normativa de terrazas a favor de su negocio. Sabemos por experiencia que es un lobby poderoso y que ya ha llegado al pleno de Cort alguna petición para que los trastos se puedan quedar en nuestras calles como si éstas fueran un almacén. Grave error.

Se habían dado pasos en esta legislatura para introducir orden en el desmadre, por ejemplo de la Plaça den Coll, que de día y de noche estaba ocupada. No se me ocurrió en mi noche de insomnio pasar por allí, pero en mis paseos matutinos de los domingos he podido fotografiar la plaza limpia de utensilios abandonados, cosa que años antes era imposible.

Que esos pasos en el buen sentido continúen. Que si se modifica la normativa de ocupación de la vía pública sea para poner más límites a la permisividad actual y no lo contrario. No necesitamos en nuestras plazas «mobiliario robusto y bien vestido», como desea el gerente de la patronal. Necesitamos más espacio libre y poder gozar de la belleza de nuestras plazas y paseos sin obstáculos visuales. La terraza ha de ser lo más trasparente posible, se debe ver a través de ella. Atreverse a decir, como dijo el portavoz de los restauradores, que «apilar el mobiliario durante la noche en un espacio que no supusiera una molestia permitiría mejorar mucho nuestras terrazas y paisaje urbano en zonas como el Passeig del Born, la plaza Joan Carles I o la plaza de la Lonja», es no tener ni idea de lo que es un paisaje urbano respetuoso. La ciudad y su paisaje deben ser disfrutados de día y de noche, y lo que está pasando precisamente en el paseo y las plazas citadas es de vergüenza, de día y de noche.

Hay refranes que calzan bien con las ambiciones de algunos terraceros, como aquél de «les das la mano y se toman el brazo», y también el de «el que no llora no mama». A mí ya me harta tanto lloriqueo.

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