Opinión | editorial
Mallorca en la nueva fasede la guerra de Irán

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el presidente de EEUU, Donald Trump / EP
El ataque iraní a la base de Estados Unidos y Reino Unido en la isla de Diego Gracia, en el Índico, cambia el mapa de los límites de la guerra. No causó daños porque un misil falló en pleno vuelo y el otro fue interceptado, pero sirvió para constatar que su potencial de alcance es muy superior a los dos mil kilómetros estimados hasta ahora. Estos artefactos volaron unos cuatro mil kilómetros, podrían llegar a París, Berlín o Roma, también a Palma, a 4.246 kilómetros de Teherán para ser exactos. A esa vulnerabilidad geográfica, se suma la amenaza del Ejército iraní de atacar «zonas de recreo, centros de ocio y destinos turísticos» de todo el mundo visitados por estadounidenses e israelíes como represalia a las ofensivas de Trump y Netanyahu que han acabado con la vida de sus máximos dirigentes. Balears, con vuelo directo Palma-Nueva York, recibió el pasado año 333.561 turistas de Estados Unidos, un segmento en expansión en un territorio que acoge igualmente a jeques de los petrodólares y en el que conviven sin problema intereses hoteleros vinculados a inversores norteamericanos, israelíes, árabes y persas, estos últimos entroncados nada menos que con el nuevo líder supremo, el hijo de Jameneí. Esta circunstancia podría ejercer de escudo protector ante la amenaza verbalizada por el portavoz del ejército iraní, el general de brigada Abolfazl Shekarchi, a destinos turísticos que «ya no serán seguros para los enemigos». También podría resultar determinante la posición de Pedro Sánchez como abanderado mundial del ‘No a la Guerra’ que gana adeptos en la volátil Europa y que enfrenta a Trump con la OTAN. Nada está garantizado en un conflicto desquiciado y fuera de control, con bombardeos sobre instalaciones energéticas y bloqueo de rutas que envenenan el planeta y estrangulan la economía, que suma varios miles de muertos y que está provocando millones de desplazados . Desde tiempos pretéritos, Balears «forma parte de un eje estratégico» para la Defensa, como subrayó esta semana en su toma de posesión el nuevo comandante general Ricardo Esteban Cabrejos. También ha sido tierra balsámica para relajar odios larvados en la noche de los tiempos. En Formentor, conversaron Shimon Peres y Yasir Arafat, dando una oportunidad al encuentro desde el diálogo, pese a las hostilidades entre sus pueblos. No fraguó, pero se respiró un clima mucho más esperanzador que el actual, en el que la fuerza no solo antecede al diálogo, parece ser la única palanca activa.
Para paliar el impacto de la guerra en el bolsillo de los ciudadanos, el Gobierno ha activado un escudo social, con rebajas fiscales y ayudas directas valorado en cinco mil millones, bien acogido por el Govern y las derechas, que se complementará con otro autonómico aún por determinar. Que ese caudal público sea efectivo para la contención de precios y no acabe convertido en beneficios caídos del cielo para determinadas empresas, como se dieron casos con el escudo de la covid, dependerá del control efectivo de las inspecciones y de las sanciones que reclamó Sumar para respaldarlo. En el tenso Consejo de Ministros, la izquierda alternativa arrancó la congelación de los alquileres, pero accediendo a que fuera un decreto aparte. Sin mayoría para aprobarlo, puede quedar en un brindis al sol.
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