Opinión
Despierta
Lo que más chirría de la actual «juventud» es que cada vez es más como ha sido, y cada vez más reconducida y previsible

Un estudio relaciona el uso compulsivo de las redes con menor bienestar en los jóvenes
Hoy, es fácil opinar de la juventud sin apenas acercarse o conocerla y muy difícil no caer en el tópico a la hora de definir ese segmento de personas que no son niños y niñas, ni acaban de ser adultos. Es un debate eterno el de cuándo empieza realmente la adultez. En cada época de la Historia, la sociedad se ha preguntado cómo es realmente la juventud y casi siempre se ha pecado de ignorancia o se ha demostrado una falta de conocimiento sin límite. No hace mucho había personas que en la cuarentena presentaban unas facultades magníficas; hoy, incluso a los sesenta, muchas personas viven, o sobreviven, recreándose en una segunda oportunidad o un nuevo comienzo.
Hay chicas y chicos de cincuenta y de sesenta que se han conocido en la bulliciosa industria del tardeo. Algunos en su momento priorizaron la carrera o tardaron mucho en salir, se les nota, y hoy se lo pasan tan bien como si no quedara un mañana. En busca de un tiempo perdido o de la continuación de alguna de las interminables partes. El gregarismo aquí juega un papel crucial.
Pero, volviendo al futuro, a los jóvenes que son aquellos que nada menos gozan de la diferencia de tener mucho más futuro que pasado a sus espaldas. No llevan demasiada mochila a sus espaldas o no deberían si sus progenitores son gente normal. Si cabe hacer alguna crítica de forma injusta, pero documentada, sería en el sentido del abandono absoluto de cierta humildad y modestia aunque roce el clásico. Se había hablado de que el punto dulce era entre los dieciocho y los casi treinta y coincide perversamente con las muertes en los interminables frentes de guerra. Sea en el Este o sea en Oriente Medio. Y, por eso mismo, no sabemos bien de qué juventud estaríamos hablando en aquellos países donde ni siquiera pueden ejercerla. En las regiones que, de momento, quedan al margen la tendencia es votar a los populismos de derechas que los van a conducir mucho más rápido de lo que pueden imaginar a los nuevos frentes. Si no los hay, los van a inventar, no lo duden. Este viejo negocio de la muerte es de los pocos que no pierden facturación alguna con las nuevas tecnologías, los asesinatos indiscriminados nunca han gozado de tanta impunidad y de tantos nuevos registros como hoy. La falta de humildad y modestia viene determinada porque no dudas de nada y ya lo sabes todo de antemano, te dejaste convencer muy rápido.
Los populismos y los ultranacionalismos se han ido reincorporando de nuevo al lenguaje habitual y han ido llenando el ideario de una masa de personas que poco han leído o si lo han hecho han preferido el camino fácil de la demagogia para mitigar sus desengaños. El odio al diferente es un camino sin un fácil retorno. Para la reafirmación tribal más «sana» ya se inventó el fútbol que bien entendido, y siempre respetando al rival, es un bellísimo deporte. Pero quizás en ningún otro segmento humano se puede observar mejor la gran contradicción de cómo no es la humanidad, ni la justicia, lo que mantiene los frágiles equilibrios del respeto y la educación en esa competición. El dinero, el capital, moderará las conductas en nombre del buen funcionamiento del negocio. Con el pan no se juega… ni al balón. Las mismas personas que no pueden pagarse el alquiler, y menos una hipoteca, pagan al año suculentas cantidades para acceder a uno de los mejores espectáculos que se han creado. Ver correr en pantalón corto a otros jóvenes con un poder adquisitivo ya bastante resuelto, con una pasión fingida, o no, y modelada por la enésima pulsión gregaria en el marco de la convención social de cada momento y de cada rincón geográfico con sus estandartes incluidos.
Probablemente, lo que más chirría de la actual «juventud» es que cada vez es más como siempre ha sido y con el tiempo cada vez más conducida, o reconducida, y previsible. ¿Dónde han marchado esa selecta cuota de jovencitas y jovencitos imposibles de manipular que querían siempre cambiar la rotación del mundo? Esa sana gente que fraternizaba con el rival o el adversario en detrimento de los buitres y cuervos al acecho. Hoy, muchas y muchos, vais arrastradas y arrastrados por viejas y caducas fórmulas fundamentadas en la queja o el ataque de siempre hacia los que no son como vosotros y cuando os movéis lo hacéis con la vieja camiseta y los podridos colores de siempre. No han chutado en su vida una pelota pero están ahí gritando (algunas veces insultando o lanzando objetos). No han pensado en su vida libremente, ni un minuto, pero han salido a gritar consignas que no entienden en nombre de quién los mantiene y que realmente supone un serio riesgo para su propio futuro. Despierta.
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