Opinión | Tribuna
Carmen Ochoa-Lácar
Seguimos con los bellasombra
No sabemos cuántos había realmente enfermos y cuántos se podrían haber salvado. Nosotros los veíamos cada día radiantes y majestuosos

Bellasombra / Miguel Vicens
Llevamos ya más de tres meses obsesionados y traumatizados por la tala de los últimos diecisiete bellasombras de la Calatrava. Hicimos todo lo posible para salvarlos porque sabíamos que los echaríamos de menos siempre. Y sí, duele caminar por Dalt Murada sin ellos.
Los técnicos del ayuntamiento, junto a la contrata de riesgos, decidieron que eran peligrosos. Pero no nos han convencido. No sabemos cuántos había realmente enfermos y cuántos se podrían haber salvado. Nosotros los veíamos cada día radiantes y majestuosos, todavía más apreciados desde la tala de los primeros cinco en marzo de 2024. Hasta reunimos un fondo para pagar un informe a un técnico independiente y ver cuantos se podían salvar y cuidar mejor.
Tras mucho insistir al ayuntamiento para que se abriera un proceso de participación, este convocó a las asociaciones de vecinos el pasado 20 de febrero para explicarnos su nueva propuesta y que aportáramos nuestras ideas en el nuevo proyecto de replantación de la plaza Llorenç Villalonga. Cosa bastante inaudita y positiva por parte de la administración y que debería normalizarse. Tras escuchar la exposición de su propuesta, los vecinos (la mayoría mujeres) expresamos nuestro dolor, un clamor. Uno a uno dimos nuestra opinión. Y aunque apreciamos la mejora respecto al proyecto inicial, ya que han estado abiertos a sugerencias de ABA y otras instituciones, expusimos con tristeza que el proyecto que proponen estaría bien para un nuevo jardín urbano, pero que ni por asomo alcanza la belleza que teníamos con los bellasombra en la plaza. Y si bien han accedido a alguna de nuestras propuestas (quitar el árbol de pinchos, menos cipreses y más árboles de hoja perenne), la principal y más importante de nuestras peticiones era por unanimidad que vuelvan a plantar bellasombras para honorar a los que talaron en la madrugada del 18 de diciembre. Un grupo querría todo bellasombras como lo que había desde la posguerra y otro se conformaba con que, al menos, plantaran unos cuantos y recuperar la frondosidad y la cualidad silvestre y austera que tenía la plaza. «Esto es una línea roja e imposible», dijeron los técnicos del ayuntamiento, insistiendo en que envejecen mal.
Y es ahí donde hay opiniones técnicas divergentes. Ya que hay otros técnicos que defienden que los bellasombra son ideales para esta plaza: son de crecimiento rápido, en cinco años darán buena sombra, al tener una madera más blanda y flexible resisten a fuertes vientos incluso mejor que los de madera rígida ya que la flexibilidad de su madera les otorga una plasticidad mecánica mayor. Un árbol de unos 20 centímetros de diámetro plantado con su cepellón echará raíces rápidamente y se anclará en el sustrato. Además, por su capacidad de adaptación a sequías y su forma de acumular humedad, no necesita riego y solo mínimos cuidados de podas leves de sus frutos pesados y ramas y hojas secas. También añaden que el problema de podredumbres internas viene de malas y excesivas podas.
Con los bellasombra (philolacca dioica) hemos tenido un verde y una frondosidad muy bella a lo largo de la vieja muralla. Y muchos beneficios para la captación de carbono y la biodiversidad. Nos gustaría que al menos una parte de la plaza volviera a tener esas cualidades. Y que dentro de cincuenta años se puedan volver a admirar sus pies de elefante y la sonoridad de tam-tam de la palabra ombú que nos traían ecos de países lejanos. En la cartuja de Sevilla hay un bellasombra que plantó el hijo de Colón hace quinientos años. Leguemos algo de esa belleza que había en la plaza a las futuras generaciones. Y que vuelvan a dar como decía una pancarta de protesta «Sombra, Vida, Belleza y Compañía».
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