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Opinión

Un Oscar K‑pop y ‘Torrente’ arrasa

Mientras en Los Ángeles se celebraban los Oscar, en España ‘Torrente, presidente’ arrasaba en taquilla, demostrando que el cine se encuentra con los espectadores si respeta el entretenimiento compartido y apela a la emoción del público

Santiago Segura, director y protagonista de ‘Torrente, presidente’.

Santiago Segura, director y protagonista de ‘Torrente, presidente’. / FERNANDO VILLAR / EFE

El fin de semana en que Torrente, presidente arrasaba en los cines españoles como una borrasca y se coronaba emperadora de la taquilla del año, se cerraba la madrugada del lunes en Los Ángeles con la entrega de los Oscar. Los Oscar siguen teniendo una autoridad indiscutible a la hora de reconocer el trabajo de cineastas, intérpretes y todo el ecosistema que sostiene la magia de la pantalla grande y, cada vez más, de la pequeña. Muchas de las nominadas y premiadas disparan sus visionados en plataformas, las que aún tienen recorrido en salas estiran su temporada y otras regresan a la cartelera reanimadas por el brillo de la estatuilla.

Este año, la Academia ha roto un puñado de barreras culturales que aún pesan sobre una institución llena de intereses cruzados. No solo ha premiado por primera vez a una mujer, Autumn Durald Arkapaw, con el Oscar a la mejor fotografía: su discurso levantó de la butaca a muchas artistas del auditorio, en un reconocimiento explícito al esfuerzo compartido para seguir pulverizando techos de cristal. También se ha concedido por primera vez un Oscar a una canción de K-pop, Golden, de la película de anime Las guerreras K-pop. El filme se llevó la estatuilla y certificó una racha llamativa y es que ya van cuatro ediciones consecutivas con Disney marchándose de vacío en la categoría de animación. Los gustos cambian, las audiencias evolucionan y el triunfo del K-pop lo resumió entre lágrimas Ejae, la cantante que subió a recoger el premio: ha sido la resiliencia, dijo, la que la ha entronizado tras años duros de defender sus gustos en un entorno que los despreciaba.

Quizá por eso sonó también a desprecio que la Academia le cortara los agradecimientos para ir a publicidad. El corte encendió las redes, que vieron una mano negra en el fallo, y despertó protestas entre el público del Dolby Theatre. El K-pop que avergonzaba a Ejae cuando era adolescente es hoy un fenómeno global que ha puesto los poderes blandos en el centro de un tablero geoestratégico de alto voltaje.

Pero ni siquiera el músculo del poder blando sirve de nada si no hay mirada panorámica. Solo desde ahí podremos encontrarnos en la cultura, cómodos, y pasar un buen rato. El ‘zasca’ público que la Academia le ha dado a Timothée Chalamet, candidato al Oscar, después de que se burlara de la ópera y del ballet. Sus comentarios peyorativos han sido especialmente castigados porque apuntaban al corazón de cualquier fenómeno cultural: sus fans, los que pagan la entrada y sostienen la conversación.

Y de Los Ángeles a España, el viaje de vuelta obliga a una última reflexión. Uno no puede menos que admirarse ante los más de siete millones de euros que se espera que recaude Torrente, presidente en sus primeros tres días de estreno, una cifra brutal que solo la han superado otras tres películas españolas: Lo imposible, que compitió en los Oscar en 2012 de la mano de J. A. Bayona, y otras dos entregas de la misma saga de Torrente. Ahí, entre la alfombra roja y la zanja del humor irreverente, se despliega el fenómeno cinematográfico. El cine perdurará si respeta la regla de oro del entretenimiento compartido y sigue apelando a lo que nos emociona como comunidad.

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