Opinión
Deshabitar el catalán

Una de las aulas de la UIB en un examen de Lengua y Literatura Catalana / Archivo
«Nuestra patria es nuestra lengua», decía el escritor Joan Fuster. Si entendemos el catalán como un país que habitar, preocupa que cada vez más jóvenes abandonen el territorio. A edades tempranas, se apunta a una voluntad de empatizar con compañeros que desconocen el catalán. Pero, muy pronto, es el ecosistema digital en castellano el que les cautiva, lugar de diversión y aprendizaje.
El español es el segundo idioma con mayor impacto en el consumo digital juvenil en el mundo. La comunidad de creadores de contenido de Latinoamérica y España es enorme y las redes se han convertido en un laboratorio de experimentos lingüísticos. Perversión para unos, evolución para otros; en cualquier caso, la constatación de la viveza de la lengua.
PP y Vox, anteriormente Ciudadanos, han hecho del desprecio al catalán un arma de polarización. En Valencia y Balears, su hostigamiento se ha traducido en políticas concretas, como la reversión de la normalización lingüística en las escuelas. Las amenazas al catalán son muchas y muy reales. También la dificultad para atraer a los jóvenes (y no tan jóvenes). Y no siempre se acierta con los métodos.
Una polémica reciente apuntó a una interesante exposición organizada por el Institut Català Internacional per la Pau (ICIP) sobre pensamiento crítico. En uno de sus espacios se recogen frases que pueden llegar a ser discriminatorias. «¡Que aprendan catalán!», era una de ellas. Plataforma per la Llengua presentó una queja al considerar que la frase mostraba el aprendizaje del catalán «con una carga de negatividad y beligerancia, incluso de odio». Puigdemont insultó a los organizadores en un tuit.
La frase fue retirada de la exposición y el ICIP se disculpó, pero se desaprovechó una oportunidad de debate. Basta asomarse a las redes para constatar que algunos utilizan la defensa del catalán para reforzar tesis ultraderechistas basadas en la identidad y el racismo. Hacer de la lengua una fortaleza quizá sirve a sus intereses, pero solo ahondará en la despoblación.
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