Opinión | El Desliz
La fallida pirueta de Chalamet

La fallida pirueta de Chalamet. / Elisa Martínez
Solo se habla estos días de ballet y de ópera. Es broma. Ojalá. Las portadas y los noticieros siguen abriendo con la guerra patrocinada por Estados Unidos e Israel en Oriente Medio. Ni siquiera cuando una estrella de cine como Timothée Chalamet (30 años) augura la extinción de dichas artes la gente sale en masa a las calles para reclamar su ración de arias y de tutús. En una conversación con Matthew McConaughey en la Universidad de Texas para la televisión CNN y la revista Variety, los actores discutían sobre la importancia de defender la experiencia de ver películas en una gran pantalla frente al innegable empuje de las plataformas de televisión. Fue entonces cuando el protagonista de 'Mujercitas' rechazó de plano la minorización de su oficio y declaró: "No quiero trabajar en el ballet, la ópera o cosas que digan: ‘Mantened esto vivo, aunque a nadie le importa ya’. Lo digo con respeto a toda la gente del ballet y la ópera". Tremendo desliz confundir importancia con audiencia, que no busque nadie a Chalamet en el arte y ensayo. Ese "nadie" que ama la ópera y el ballet ha salido en tromba a atizarle, caracterizándole como un ser ignorante, estrecho de mente y zafio por confundir la cultura con su rendimiento económico, minusvalorar lo selecto y cargarse siglos de transmisión de emociones sublimes. Un bocazas a quien se le ha pegado todo menos la hermosura de su novia Kylie Jenner, destacada influencer y miembro del clan Kardashian, con más millones de seguidores en las redes sociales que todos los tenores y sopranos del mundo juntos. Desde los más importantes teatros internacionales han afeado su desprecio por dos disciplinas tan importantes para la civilización humana a un actor que es nieto, hijo y hermano de bailarinas. Qué se ha creído, si además él mismo danzaba en Wonka.
Los más arrojados vaticinan que con esta polémica, Chalamet ha arruinado sus posibilidades en los Oscar que se entregan en unos días. El neoyorquino que pasó largas temporadas en Francia está nominado a mejor actor protagonista por su papel en 'Marty Supreme', donde encarna a un campeón de ping-pong, un deporte que según su propia visión del mundo no le importa a nadie. Esta interpretación le valió el Globo de Oro y un Premio de la Crítica, pero quién sabe si le ocurrirá como a Carla Sofía Gascón. La actriz de 'Emilia Pérez' iba a hacer historia como primera actriz trans en ganar una estatuilla cuando se desenterraron unos comentarios suyos racistas y negacionistas en internet y fue desterrada del Olimpo de Hollywood. Que el intérprete que dio vida a Bob Dylan en 'Un completo desconocido', mimado por la crítica desde su adolescencia, vaya a recibir el castigo de los académicos por su incontinencia supondría irse al polo opuesto y conceder a la ópera y al ballet los poderes de la kryptonita a la hora de arruinar reputaciones. No creo que ocurra. Sería incluso bonito que ganara y que en su discurso de agradecimiento recordara que se crió en un edificio de artistas sufragado por fondos federales. O sea, que fue "mantenido" desde su más tierna infancia con dinero público para que su talento creciera, se desarrollara y llegara a un número incalculable de espectadores. Que serán más, pero no necesariamente mejores ni menos merecedores de satisfacción que los que llenan las funciones de las artes que él vilipendia sin venir a cuento, hablando por hablar.
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