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Opinión | Pensar, compartir...

Tres mujeres y un jardín

Honoria Anderson, Patricia Wright y Jeannine Cook, abuela, madre e hija, plantaron e hicieron crecer en Palma un jardín grande y frondoso. Yo lo llamo el jardín de Jeannine

Hay en Palma un jardín grande y frondoso gracias a tres mujeres que lo plantaron, hicieron crecer, cuidaron y disfrutaron. A día de hoy, es la tercera de ellas la que lo vive y lo trabaja. Una tarea intensa y a veces agotadora. Yo lo llamo el jardín de Jeannine. Ella Jardín Doria.

Honoria Anderson, Patricia Wright y Jeannine Cook, abuela, madre e hija merecen nuestro reconocimiento en estos días de homenaje a las mujeres.

Su denominador común es la valentía a la hora de trasladarse por el mundo y su pasión por las plantas.

La vida de Jeannine y su familia, originaria de Australia, no se puede calificar de anodina. Nació en el año 1944 en Kenia y poco después la trasladaron a Tanganica - actual Tanzania - donde su familia, tras años de trabajo, consiguieron alzar una empresa de producción de semillas, especialmente de judías verdes, plantas para obtener aceites aromáticos como el de rosa de mosqueta y también café. Sus abuelos y la madre de Jeannine llegaron allí desde Japón, lugar del que tuvieron que huir tras el terremoto de 1923 y los incendios posteriores de los que, arruinados, se salvaron por los pelos.

Antes de eso, durante la Primera Guerra Mundial, su abuelo, prometido entonces con Honoria, fue herido gravemente en Gallípoli (Turquía) y hospitalizado en Inglaterra durante dos años.

Cuenta Jeannine que desde que supo caminar ayudaba a su madre en las tareas de la finca, y que aprendió geografía leyendo los nombres de los países impresos en los sacos de semillas que exportaban: Estados Unidos, Canadá, Japón, Francia, Gran Bretaña, Países Bajos, Bélgica, Alemania, Dinamarca...

Tras una guerra, un terremoto, incendios, ruina y nueva vida en África, la descolonización del continente durante los años 60 les obligó a buscar refugio en algún lugar apacible. Y ahí es donde nuestra ciudad, Palma, entra en juego.

Fue su abuela la que se enamoró de un chalet con jardín en la calle Andrea Doria. Después de vivir en la naturaleza un poco domesticada de sus granjas en Tanzania, no podía prescindir del verde. La casa había sido diseñada por el arquitecto Enrique Juncosa en el año 1951.

Por aquel entonces Son Armadams apenas estaba urbanizado y la defensa de su parcela por parte de Honoria y Patricia no fue fácil, ya saben de la ambición y el acoso constructor en el paraíso mallorquín. Pero lo consiguieron y cuando pudieron comprar la parcela vecina, una pequeña y antigua cantera de marés, ¿saben qué hicieron? No construyeron otra vivienda para hacer negocio, no, sino que simplemente aportaron tierra y agrandaron el jardín. Increíble. Y, por cierto, allí es donde germinó una de las semillas de café que trajeron desde Tanzania y ahora es un ejemplar único en su especie aquí, en Palma.

Jeannine Cook se educó primero en Kenia y luego completó su formación en Londres y en París. Ha vivido en Nueva York y Georgia, pero su hogar lo tiene en Palma. Además de licenciada en Comunicación es artista especializada en la técnica de punta de plata. Muchas de sus obras representan otra manera de disfrutar el mundo vegetal y se encuentran en colecciones de más de cuarenta instituciones públicas de arte en Europa, Australia y los Estados Unidos. Hace poco disfrutamos de una exposición suya en el Jardí Botànic de Sóller, claro, su ambiente natural.

Jeannine continúa con la tradición familiar de viajar absorbiendo cultura y naturaleza de medio mundo. Uno de sus objetivos ahora es que su casa y su jardín perduren y puedan ser disfrutados en el futuro, quizás como residencia temporal de artistas y filial del futuro Jardí Botànic de Palma.

El jardín de Jeannine cuenta con 300 especies vegetales distintas y es un oasis protegido por un muro que lo circunda, lo protege y lo acoge. La casa es una delicia que ha conservado la personalidad en sus acabados en madera, baldosa y estructura. Jeannine pidió opinión y ayuda a ARCA sobre la posible catalogación de ese conjunto maravilloso que es su hogar y que querría que en el futuro pudiera preservarse. Por su historia, por su personalidad y por su categoría arquitectónica, vale la pena trabajar para ello y conseguirlo.

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