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Opinión | Tribuna

Palma, una ciudad preparada para cuidar

El principal desafío social al que nos enfrentamos es el reto demográfico, el de nuestra propia pirámide poblacional. Vivimos más años y lo hacemos mejor, pero eso también implica que necesitaremos apoyo durante más tiempo para mantener nuestra autonomía. Esta realidad es hoy especialmente evidente en Palma, donde más de 57.000 ciudadanos superan ya los 65 años.

Durante las últimas legislaturas hemos vivido una situación paradójica: mientras la población y la demanda en la capital no dejaban de crecer, la red de recursos de dependencia se mantenía prácticamente intacta. El resultado ha sido un déficit histórico de plazas precisamente allí donde más se necesitaban.

Las políticas públicas deben nacer de la realidad que dictan los datos. Por ello, el Plan de Infraestructuras Sociosanitarias 2026-2030 de Palma, que presentamos esta semana de la mano del Ayuntamiento y del Consell insular, no es un simple listado de obras; es una estrategia diseñada para equilibrar el sistema y responder a una pregunta clave: dónde está la demanda y qué respuestas debemos dar a ella.

En Palma, este plan supone una inversión de 28 millones de euros que permitirá crear 320 nuevas plazas públicas destinadas a personas dependientes. Pero, más allá de los ladrillos, lo que estamos impulsando es un cambio de filosofía.

No hablamos solo de construir equipamientos. Hablamos de cambiar el modelo de cuidados.

Durante demasiado tiempo, el sistema de dependencia se ha construido sobre la misma idea: quedarse en casa o ingresar en una residencia. Sin embargo, en la vida real existen matices intermedios. Hay personas que, pese a no necesitar atención profesionalizada de forma permanente, sí requieren un apoyo más intenso del que podrían tener en su hogar.

La vivienda supervisada, un modelo pionero que ponemos en marcha en Baleares, permitirá mantener la autonomía personal en un entorno doméstico con apoyo profesional. Los centros de día actuarán como herramienta de cohesión y de mantenimiento de la vida comunitaria. Y la nueva residencia se diseñará en unidades de convivencia reducidas, priorizando la atención centrada en la persona, modelo que ya está implantado en todas las residencias que gestiona este Govern.

El objetivo es claro: atender mejor sin romper los vínculos con la comunidad. Envejecer en Palma debe significar seguir formando parte de Palma. Podemos reaccionar tarde o podemos planificar con tiempo. Hemos elegido anticiparnos y adaptar los servicios públicos a la vida real de las personas.

Por ello, hacemos una apuesta decidida por invertir en recursos de dependencia en nuestra capital. Porque ahora sí, Palma es una ciudad preparada para cuidar.

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