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Opinión

El comportamiento demográfico balear que nadie vio venir

El comportamiento demográfico balear que nadie vio venir

El comportamiento demográfico balear que nadie vio venir

Cuando todos los estudios de proyección demográfica apuntaban a la intensificación de la tendencia de crecimiento desbocado en Balears, el último informe del Instituto Nacional de Estadística (INE) ha sorprendido por sus resultados en sentido contrario. Si bien es cierto que el saldo global del año 2025 suma 9.691 residentes más a las islas, que elevan la población total de 1.259.545 habitantes, el comportamiento del último trimestre ha sido de contracción. La pérdida de población fue mínima, un 0,07%, pero llama la atención porque fue la única Comunidad Autónoma que decreció en España, junto con la ciudad autónoma de Melilla, y porque supone romper con la serie histórica de crecimiento galopante que ha caracterizado al archipiélago en los últimos años. Podría pensarse que esta reducción obedece a que muchos temporeros vuelven casa al acabar la campaña turística, pero este fenómeno se produce cada año y el saldo poblacional del último trimestre solía quedar en positivo, hasta ahora. Antes de sacar conclusiones precipitadas sobre un posible cambio de ciclo, conviene esperar a que estos datos provisionales devengan definitivos y a que se conozcan los números del siguiente trimestre, el primero de 2026, para comprobar de manera más clara si este encogimiento responde a un fenómeno puntual o se consolida como nueva tendencia.

Una de las razones que podrían explicar este comportamiento de mengua poblacional es la carestía de la vida en las islas, y muy especialmente del precio de la vivienda. Muchos trabajadores rechazan ofertas de empleo porque no sale a cuenta el sueldo que perciben por los gastos que soportan, de forma que el dinamismo de la economía balear se ve lastrado por la dificultad para configurar plantillas y retener talento. Además de la pérdida de atractivo para la mano de obra foránea, las islas se han vuelto un lugar imposible para muchas familias, jóvenes y jubilados. El Anuari de la Joventud de Balears se refería en su reciente edición a la cantidad de casos de estudiantes isleños que se van a completar su formación fuera y no regresan al encontrar mejores condiciones de vida. Otro fenómeno recurrente es el de los peninsulares que llegaron a las islas buscando un futuro mejor y que ahora, en la edad de jubilación, se vuelven al pueblo porque les rinde más la pensión y pueden vivir con mayor holgura.

El archipiélago sigue sumando habitantes, aunque la suma de muchos factores ha acabado ralentizando el crecimiento demográfico balear, que vive un crudo invierno vegetativo por la caída de la natalidad, solo compensado por la afluencia de inmigrantes. Según un reciente estudio de la Fundación Funcas, su incorporación tiene un efecto de palanca económica y de sostén demográfico, aunque también advierten los expertos que será clave su capacidad de integración y la respuesta de las políticas públicas. Balears no puede seguir en esa senda de crecimiento demográfico desbocado de las últimas décadas, propia de un modelo económico basado en la cantidad y no en el valor, que impacta en los recursos, satura y resta bienestar. Tampoco sería conveniente que la contención o el decrecimiento poblacional obedeciera no a una transformación cualitativa de ese modelo, sino a que a la población cada vez le resulte más difícil vivir en el paraíso.

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