Opinión | La suerte de besar
All you need is love

La frase «Lo único más poderoso que el odio es el amor» escrita en una pared. / Freepik
Esta semana he visto Mi amiga Eva. Mujer de 50 años, trabajadora, madre de dos adolescentes, un marido correctísimo, buen padre y con el que hace piña a la hora de, por ejemplo, comprar la alfombra del salón. Aparentemente, todo perfecto, pero Eva no está enamorada y descubre que quiere volver a sentir ese frenesí. Quiere volver a disfrutar de lo que se siente cuando te enamoras. Y, sobre esa temática, pasan volando 100 minutos de film.
La misma semana que veo la película dirigida por Cesc Gay e interpretada por Nora Navas, leo un reportaje en La Vanguardia titulado Menos amor y más sexo: así han cambiado las letras de la música pop. Las periodistas Laura Aragó y Begoña M. Goitia firman un reportaje que analiza la lista Billboard durante seis décadas. Si las melodías son un ejemplo de nuestra sociedad e intereses, el resumen es que el amor romántico retrocede, que las canciones con reivindicación social también pasan a mejor vida y que las letras que normalizan el sexo, las drogas, la rabia y la ira van al alza. Resumiendo: Elvis Presley loaba el amor estable y para toda la vida con su Can’t help falling in love with you en los 60 y hoy, Rosalía y Bad Bunny celebran el amor fou de un único encuentro con La noche de anoche.
La misma semana que veo la película y leo el reportaje, se celebra San Valentín. El universo trata de decirme algo descaradamente. Lo escucho.
El amor romántico está de capa caída en mi círculo cercano. Nadie descuella por estar enamorado hasta las trancas y acabo de enterarme de que mi referente masculino y padre culmen del romanticismo al más puro estilo Jane Austen ha dejado a su mujer estupenda por una chica que acaba de salir de la universidad. Pese a ello, sigo creyendo que estar enamorada es uno de los estados por los que vale la pena vivir, siempre que no sufras por alguno de los mil motivos asociados. Es decir, casi un imposible. Voy a escarbar en mi memoria para seleccionar algunos comportamientos que me resultan embelesadores.
Que te escriban una carta, una nota, una dedicatoria o un mensaje. Con papel y boli. Es del año de la polka, pero que alguien comparta un deseo o desnude un poco su alma ante ti y que lo haga de puño y letra, despierta la chispa.
Reír. El sentido del humor es sexi. Engancha.
Escuchar. Si la otra persona y lo que cuenta interesan de verdad, algo serio se cuece. Si, mientras nos hablan, estamos con la cabeza en que mañana madrugamos, que tenemos que pedir cita en la esteticista o sólo tenemos ojos para fijarnos en los pelos que salen de la nariz de nuestra cita, mejor dejarlo ir.
La valentía de decir, de hacer o de sincerarse. Los cobardes no enamoran.
Una buena primera vez. En todos los sentidos imaginables.
Vuelvo a Bad Bunny para compartir que me he enamorado de él y que he pasado de odiar el reguetón a valorar apuntarme a clases para bailarlo con dignidad. Me he enamorado de su forma de reivindicar su identidad y esencia y de hacerlo con convencimiento, diversión y vitalidad. «Lo único más poderoso que el odio es el amor», dice mi héroe. Pues eso.
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