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Opinión | Entrebancs

La política

Vivimos unos tiempos confusos y con incertidumbres, sobre todo por la inflación, los salarios y las pensiones

El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo.

El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo. / EP

La acción política, concretamente la democracia representativa, se ejerce a través de los diversos procesos electorales donde los ciudadanos tenemos la posibilidad de elegir entre diversas propuestas y candidatos cuyos resultados conforman las diversas mayorías parlamentarias, que posibilitan la formación del poder ejecutivo, léase gobierno, y la aprobación/rechazo de propuestas legislativas.

Atravesamos una crisis política, no solo en España. Es un hecho constatable que existe un clímax, un estado de ánimo, de malestar social y de desarraigo político que puede explicarse (no justificarse) por otras tendencias vivas y coleando por el aumento de la polarización y la volatilidad; y por un pesimismo generalizado sobre el futuro político, social, económico... (I. Sánchez- Cuenca).

El PP, conjuntamente con Vox, no obtuvieron la mayoría necesaria para obtener la investidura. Realidad que la derecha no comprendió, y sigue sin aceptar. Su líder Feijóo, aunque fue el partido más votado, sigue insistiendo en que el PP ganó las elecciones generales, sin reconocer nuestro régimen de democracia parlamentaria, mayoritario en la UE, donde gobierna el partido o partidos que obtienen la mayoría absoluta. Si tal mayoría no se obtiene, se convocan elecciones generales.

La situación es que los socialistas han obtenido la mayoría necesaria para obtener la investidura de un gobierno de talante progresista. Obtener tal mayoría implica un voto plural, que incluye (no sólo) los partidos catalanes de talante soberanista. Lo que la derecha española califica como una traición a España y a los españoles, y que los socialistas se han vendido a los objetivos independentistas. Dicha batalla (¿guerra?), se basa en la supuesta inconstitucional de la amnistía y en las contrapartidas «entregadas» a los independentistas. Sus campos de acción se centran en las áreas parlamentarias, en los ámbitos judiciales, en los medios de comunicación próximos y redes sociales, así como en las movilizaciones cívicas.

Puigdemont, portavoz de Junts, no garantiza una lealtad más allá de la investidura al referirse explícitamente al referéndum y a la unilateralidad. Mientras los partidos dispuestos a un pacto legislativo apuestan por un nuevo estatus, que en su caso pasaría por el filtro del Congreso. A su vez la unilateralidad es inviable (aunque alguien lo haya intentado, la CUP en el Parlament Català) porque la mayoría del pueblo catalán ha quedado vacunado y el resto está a punto. «Han pasado múltiples pantallas de aquella pesadilla inútil y fracasada» (X. Vidal Folch).

Es posible que algún lector se extrañe de que no haga ninguna referencia a nuestras realidades y asignaturas pendientes, de índole político y socioeconómico, que haberlas haylas también en esta Comunidad. Estamos viviendo unos tiempos confusos y repletos de incertidumbres. La inflación dificulta el discurso y el quehacer del gobierno. La inflación repercute en los costes empresariales y familiares (coste de la vida, coste energético, materias primas…) Los salarios vigentes significan el quebranto de poder adquisitivo para cubrir los gastos familiares o el acceso a una vivienda. Estabilidad y equilibrio para trabajadores y empresarios son las consignas repetidas que no llegan a ninguna parte. Las pensiones siguen siendo asignatura pendiente, así como el acceso a una vivienda y a los servicios públicos básicos; una revisión profunda del vigente sistema de financiación autonómica, sin pasar por alto la imprescindible reforma fiscal.

Concluyo sin descalificaciones ni insultos. ¿Cómo recuperar la política? Dando respuestas a las múltiples incertidumbres macro y micro, presentes y futuras.

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