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Opinión | Tribuna

Dos ex en busca de sentido

Tanto José Luis Ábalos como Iñaki Urdangarín han leído a Viktor Frankl, aunque me pregunto desde qué voluntad habrán interpretado sus reflexiones

Dos ex en busca de sentido

Dos ex en busca de sentido / R. Sanz

Hace un par de meses oí decir, primero a Iñaki Urdangarín en una entrevista y después al abogado de José Luis Ábalos, que tanto el exyerno y excuñado como el exministro, ambos exesposos y exhombres de las llamadas altas esferas, habían leído durante su estancia en la cárcel el libro El hombre en busca de sentido de Viktor Frankl. Recordemos que el señor Urdangarín salió hace ya unos años y el señor Ábalos aún permanece allí, en prisión preventiva.

De una manera u otra, se encargaron ambos de dar a conocer esta lectura, por lo que, fruto de una mente acostumbrada a malpensar en que las declaraciones no se ofrecen sin dar puntada al hilo, se debe el artículo de ahora.

Me pareció, entonces, que la curiosa coincidencia podría esconder un mensaje a la judicante humanidad por parte de ambos, salvando las distancias temporales y, sólo en parte, judiciales. Como ya saben, el primero fue condenado por prevaricación, malversación, fraude, tráfico de influencias y dos delitos fiscales, y Ábalos está imputado por presuntos delitos de pertenencia a organización criminal, tráfico de influencias, cohecho y malversación.

Como hacía tiempo que quería leer este libro, sus manifestaciones acabaron de darme el empujón definitivo, no por el valor que le añadieron, sino por el mero hecho de haber explicitado intencionadamente su lectura. Y cierto es que se trata de un libro recomendable para cualquiera, incluso siendo una ciudadana no reclusa.

La cuestión es que, por las expresiones de Urdangarín o del abogado de Ábalos, parece que en ambos hubiera una identificación sentida con lo padecido por Viktor Frankl, el psiquiatra austríaco que nos legó el estremecedor testimonio de sus vivencias en los campos de concentración nazis. Un relato que se convierte en una lección existencial capaz de interpelar a cualquiera. En aquellos años conoció lo que es la existencia desprovista de todo, atravesada por el hambre, el frío y la violencia. Comprendió que la vida, aún en su forma más dura, sigue siendo valiosa, y que existe la posibilidad de que, pese a todo, la libertad interior y la dignidad humana permanezcan intactas.

Sin poner en duda que el libro les haya podido calar hasta el tuétano y que también les haya acompañado en esas horas de encierro, ayudándoles a superar la dura experiencia que es la cárcel a través de esas reflexiones filosóficas y existenciales, me pregunto desde qué voluntad estarían expresando esas consideraciones. No se trata del hecho comprensible de haber escogido ese libro, sino de haber publicitado su lectura. ¿Acaso pretenden ingenuamente que hagamos un paralelismo con el horror vivido por el inocente Frankl frente a su internamiento en Brieva o Soto del Real?, como si un fatal destino les hubiera convertido en víctimas de algo injusto, personas obligadas a pasar por un calvario cruel. Como si para ellos fuera más allá de empatizar con Frankl: ellos son Frankl, que el mundo lo sepa y que nos apiademos de ellos.

Cabría recordar precisamente ahora algunas palabras de Frankl cuando ahonda en la pregunta por el sentido de la vida: «Se trata de una especie de giro copernicano: tenemos que dejar de preguntar por el sentido de la vida y en su lugar percatarnos de que es la vida la que nos plantea preguntas... a las que no hemos de responder con reflexiones o palabras sino con el valor de una conducta recta y adecuada».

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