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Opinión

A favor de la intuición

Pasan los años y avanza el siglo y se acentúan tendencias muy difíciles de explicar. Antes los lunes y los viernes eran puntos en los que las personas de fuera de la capital aprovechaban para entrar en Palma. El pequeño comercio notaba unas pausas, había una cierta regularidad. Hoy coinciden personas de muy diversos sectores en la absoluta irregularidad y eso de la sociedad líquida se ha vertido de la política a los efectos más personales llegando a casi todos los contornos de la misma superficie sea de un comercio grande o pequeño, siguiendo unas inercias muchas veces ajenas a lo, hasta ahora, entendido por racional. Si aquí ustedes suman el constante bombardeo del siguiente y enésimo apocalipsis tendremos que al final no va a hacer falta volver a cantar la Sibíl·la.

El ritmo es cada vez más frenético o inexistente. Del cero al cien. Cualquier dependienta o dependiente se lo confirmará. O todo de golpe… o nada. Franjas de calmas absolutas, no en la tienda, en la calle o casi todas y todos al mismo tiempo en un intérvalo de unas pocas horas. El fenómeno de las colas en este país merecería un análisis a parte.

La gente tiene prisa, sí, algunas personas ni saben por qué la tienen y ni dejan para los demás. Luego puede llegar alguien salido del huevo que tiene todo el tiempo del mundo y le va a dar igual si hay tres almas esperando turno y aguantando un monólogo estelar que ni les va ni les viene. Todo transformado en la misma prisa que ayuda a perder la empatía en este país y parte del extranjero. Poco más tarde todo el mundo a correr. Se comprende que los motivos pueden ser de lo más subjetivo, por supuesto. Esta es la gracia del mundo, la heterogeneidad del mismo y de las criaturas que en él deambulan. La uniformidad va contra la vida. Además esta misma prisa generalizada, mucho peor al volante, no repercute positivamente en la producción y muchas veces solo acaba dando réditos en los hospitales y en los despachos de abogados o en el peor de los casos, también, en tanatorios y cementerios.

En los negocios y las empresas los objetivos se consolidan y crecen cuando son, con cierta regularidad, sostenidos en el tiempo, a su ritmo, y muchas veces ni basta para que la racionalización del trabajo y sus resultados no se vean afectados por factores externos. La globalización lo hizo crónico y los antiglobalización, en el sector nazipatriota más concretamente, decían que iban a acabar con todo ello y lo están acelerando todavía más, incluso están ayudando a vertebrar una respuesta.

De la política a lo personal y de lo personal a la política, aparece la marca Black Lions derivada de los Black Panthers que no muestran, patrullando por las calles, tener demasiada prisa a la hora de defender sus familias y vecinos, a la gente masacrada impunemente. Lo toman con calma y profesionalidad. Una respuesta que nos recuerda a las organizaciones anarquistas de ahora hace un siglo que no tuvieron más remedio que enfrentarse al terrorismo de la patronal y del estado cuando eliminaban, entre la clase trabajadora, a cualquier revoltoso que predicase dignidad y revuelta ante los abusos. Todo tan nuevo.

Hoy los que querían frenar la evolución de la Humanidad parece que encuentran una respuesta de frente. Ningún cambio rápido ha cuajado bien, ni por un lado ni por el otro.

Hoy algunas aplicaciones torticeras de la IA nos recuerdan positivamente cómo siempre se ha echado mano a los efectos artificiales. Uno de los genios de la música electrónica, Sir M. Gore, empezó aporreando bidones de acero con martillos o con lo que fuere ante la apasionada estupefacción de la audiencia y de sus propios colegas, perseverando para obtener el resultado. Siempre ha existido algún tipo de IA, en el teatro haciendo el ruido del viento o donde sea. Hoy se omite que siempre ha existido para tapar que en estos momentos lo más artificial y rancio de la presunta inteligencia otra vez lleva flequillo aunque ahora ya pese cien kilos de más de lo mismo. Ningún cambio rápido ha cuajado en el tiempo, las revoluciones se han sostenido solamente cuando han llegado por méritos propios de quien las ha provocado y se las ha ganado a pulso. Hoy rescatan al viejo fantasma del miedo a través de los mismos vendedores de humo porque es lo único que pueden sacar a bailar.

Y en este pequeño país en medio del mar, sin ir más lejos, lo lento y arcaico era fiel a lo feudal y pasamos de la necesidad de la prisa a la prisa sin necesidad y sin reflexión llegando casi al olvido y abandono de uno mismo. Y es que la prisa mental no sirve ni para catar un vino.

Muy por otro lado, las transformaciones paulatinas y sostenidas de forma transversal siempre han servido para avanzar. Tener prisa es no estar en lo que en cada momento has de estar que es a lo que se dedica este trilero global y sus sucursales. La vista en el futuro está bien, pero el presente es mucho más importante. La prisa mental es la principal enemiga del avance, la misma que provocó, provoca y ha provocado lo que ha venido y lo que vendrá. No piensen qué necesitan para el futuro, piensen lo que es importante esta mañana. No piensen rápido, pero piensen…no corran y si no hay mucho tiempo y quieren avanzar hagan caso de su intuición, por norma mucho más racional y nutrida de memoria.

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