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Opinión

Bien por Llucmajor

Fachada del Teatre Recreatiu Cas Coix

Fachada del Teatre Recreatiu Cas Coix / DM

Entre tanta información deprimente sobre el mundo que nos toca vivir bajo la égida del señor Trump, lo que nunca hubiéramos imaginado por un elemental sentido de la racionalidad intrínseca de las cosas, resulta que me sorprendo al leer en estas mismas páginas que Llucmajor ha decidido rehabilitar su Teatre Recreatiu Cas Coix, que fuera el primer cine de Mallorca. De tal manera que, el local renovado y puesto a punto se convierta en un auténtico motor de un dinamismo cultural que el pueblo venía reclamando. Es tal mi satisfacción que, sin dudarlo, convierto la noticia en materia de estas líneas quincenales, con el deseo de que animen todavía más a quienes llevan adelante esta feliz iniciativa. Aplausos para ellos y ellas.

Es cierto que una serie de pueblos mallorquines dedican esfuerzos llamativos a potenciar el nivel cultural de sus gentes, hasta el punto de que crezcan con facilidad certámenes muy plurales, exposiciones de todo tipo, innovaciones artísticas muchas veces por obra y gracia de la gente joven de cualquier localidad isleña. Pienso, además, que aumentan las localidades que se unen a medidas semejantes, que tantas veces se proyectan mucho más allá del pueblo en cuestión. Pero también es evidente que en numerosos lugares queda pendiente una auténtica revolución, una especie de asignatura pendiente que tiene que ver con el conjunto de los lugareños y no solamente con las responsabilidades institucionales. Es el Pueblo en su totalidad, sea el que sea, quien tiene la obligación de «crear Pueblo», es decir, de potenciar su futuro colectivo, en nuestro caso desde el punto de vista cultural, sin escatimar provisiones.

En nuestro caso es el Ayuntamiento de Llucmajor el que ha organizado un Concurso de Ideas para llevar a cabo esta empresa, que muy bien podría convertirse en un nuevo pulmón formativo, pero también social de los miembros de esa colectividad. Es cierto que muchos pueblos mallorquines cuentan ya con instituciones semejantes, pero incluso en tales casos, en algunas ocasiones, no acaban de mantenerse activas por falta de apoyo económico y creatividad de los responsables de diferentes competencias. Es, pues, un momento en que veremos, es de esperar, cómo una colectividad, sobre ideas plausibles, se une para ser corresponsables del futuro de su propia cultura, concebida en todas sus vertientes. Un Centro Cultural nunca debe ser una especie de «redil» para las ovejas más cultas de una sociedad, antes bien, ser capaz de abrirse a las diferentes edades, ideologías, sensibilidades, de forma que el Centro Cultural aparezca como una auténtica proyección del conjunto. Será una tarea de los primeros responsables de esta movida, todavía en ciernes.

Mallorca es conocida por una serie de eventos culturales de suficiente categoría, depende de muchos factores, entre ellos su alcance publicitario y sus fondos económicos, está claro. Pero todavía falta un proceso de concientización que anime a otros lugares a responsabilizarse de algo semejante a lo que llevan entre manos en Llucmajor. Seguramente es fácil encontrar en casi todos los pueblos de Mallorca algún lugar susceptible de ser rehabilitado o, sin más, dedicado a «dar de comer cultura» a sus gentes. Un alimento que, a medida que avanza la digitalización de formas tan variadas, deja de consumirse colectivamente para reducirse a esos grandes conciertos, casi siempre musicales, pero que en ocasiones se convierten en verdaderos «espectáculos de masas», con su evidente peso cultural, pero a su manera y no más. Dicho de otra manera: un Centro Cultural tendría que «ayudar a pensar» a quienes lo frecuenten, y desde ahí, acceder a otras cotas de mayor envergadura y concreción.

Pero insisto la intención de estas líneas es felicitar al pueblo de Llucmajor por esta iniciativa, y animar muy de veras a que tal decisión institucional consiga desarrollarse en la carne y sangre popular. Seguro de que se conseguirá. Y en su momento, será un placer sentarse en alguna de sus butacas para solazarnos de esa tan variada creación humana, que llamamos cultura. Felicidades. n

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