Opinión
La derecha prefiere Abascal a Feijóo
El PP es el partido conservador más votado en todas las encuestas, pero los sondeados por el CIS sitúan al líder de Vox por encima como candidato a presidir el Gobierno
Al señalar que «puedes engañar a todo el mundo por un tiempo», Abraham Lincoln describía la esencia de los procesos electorales y, en especial, del triunfo de los candidatos inesperados. Al añadir que «puedes engañar a algunos todo el tiempo», el presidente estadounidense describía la siempre sorprendente adicción a unas siglas políticas, con independencia de las traiciones sufridas por el votante fiel. En fin, al concluir en la misma tirada que «no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo», el tío Abe dictaminaba que algunos de los datos de los barómetros del CIS pueden ser ciertos. O recomendables incluso.
Así sucede en una de las preguntas fundamentales de respuesta múltiple. La flauta del CIS no suena por casualidad al plantear, «¿quién preferiría que fuese presidente/a del Gobierno en estos momentos?». El interrogante busca una «respuesta espontánea», en el sentido de que no se ofrece una lista previa de candidatos a tan ardua tarea. Una vez eliminado el cuarto de sondeados que no muestran preferencia particular, o que preferirían que no gobernara nadie, se presenta una curiosa anomalía jerárquica.
En esta respuesta siempre gana quien ya es ganador, sea como presidente del Gobierno o de una comunidad, salvo que el aspirante fuera Obama. Y en efecto, la preferencia o la pereza de elegir conceden a Pedro Sánchez la primera plaza, con un 39 por ciento. Le sigue Alberto Núñez Feijóo, o mejor debería seguirle y no lo hace, porque la segunda plaza corresponde en el barómetro de enero a Santiago Abascal, con un 16,5. En tercera posición aparece el presunto líder de la oposición, porque la matemática citada le arrebataría ese título, a más de un punto de distancia de su socio inevitable y con un modesto 15,4.
La derecha obligada a bifurcarse en su elección prefiere Abascal a Feijóo, una alteración sin precedente entre socios, porque Pablo Iglesias o Yolanda Díaz no se colocaron en su mejor momento por encima de Sánchez en cuanto presidentes más favorecidos por los encuestados, otra cosa es que le aventajaran en valoración personal. Se amontonan al menos cinco razones que convierten en insólita la inversión entre candidatos conservadores:
En primer lugar, el argumento menos racional y más visceral, la evidencia de que Feijóo encabeza a la derecha española y será presidente en menos de dos años salvo un batacazo mayúsculo. Es cierto que esa sucesión viene protocolizada por todos los encuestadores salvo el CIS, pero cómo podría cocinarse o falsearse la pregunta «¿quién quiere usted que presida el Gobierno?»
En segundo lugar, y para reforzar la sucesión dinástica anterior, el PP es el partido conservador más votado en todas las encuestas, con tres puntos de ventaja en el barómetro que al mismo tiempo subordina Feijóo a Abascal. La virtualidad de un ‘sorpasso’ vecinal a cargo de Vox es solo un excelente material novelesco.
En tercer y rotundo lugar, la valoración personal de Feijóo supera a la de Abascal en la relación de 3,5 a 3,0. Son dos suspensos netos, agravados al tratarse en realidad de 2,5 y 2,0 porque el CIS puntúa de uno a diez. También suspende Sánchez, le sale un 4,1 (3,1). Con todo, el candidato popular mejora en aprecio a su vecino radical. La clave radica aquí en que el examen lo llevan a cabo todos los encuestados, no solo los votantes conservadores. Se puede concluir que el candidato del PP merece el respeto de quienes en ningún caso van a votarle, en tanto que Vox aporta sistemáticamente al aspirante más despreciado de la parrilla, por lo menos desde los tiempos de vigencia de Podemos.
En cuarto lugar, ni los denunciantes desde la derecha mayoritaria de los tonos mate que lastran a Feijóo rastrean a su alternativa en otros caladeros. Un conservador, descontento con su aspirante actual y a quien se le demanda que elija presidente/a del Gobierno, casi por definición apuesta a Díaz Ayuso. Pues bien, ya solo citan espontáneamente a la presidenta de Madrid un cinco por ciento de los sondeados, en claro declive frente a sus barómetros de esplendor. A saber, su acogida es tres veces más débil que el apego a los candidatos predominantes de la derecha. El duelo es Feijóo/Abascal.
En quinto y definitivo lugar, Abascal es un pésimo candidato objetivo, por comparación con líderes ultra acreditados como Le Pe n, Orban o Meloni. Aunque el presidente de Vox no ha entorpecido el crecimiento de sus huestes, cuesta encontrarle virtudes emocionales para justificar una preeminencia sobre Feijóo, que sin embargo se ha producido en el barómetro. No le apoya ni la fisonomía.
La tradición de barómetros que encaraman a Abascal por encima de Feijóo, en una tendencia que se había interrumpido y ahora aflora de nuevo, ofrece pistas sobre el estancamiento del PP. Al igual que demuestra Extremadura y con bastante probabilidad confirmará Aragón, el hundimiento perfectamente comprensible del PSOE no provoca una ósmosis hacia la derecha más próxima, se salta un peldaño. Feijóo, Guardiola o Azcón revelan que la siempre pintoresca política española desentierra el triunfo por resignación.
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