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Opinión

Astérix y Ayuso

Isabel Díaz Ayuso.

Isabel Díaz Ayuso.

La última aventura de Astérix discurre en Portugal y muestra los atributos típicos de nuestros vecinos; desde el fado hasta la saudade, pasando por su legendario bacalhau. Astérix en Lusitania, igual que antes en Roma, en Córcega, en Bretaña... con Cleopatra, los godos o los normandos, es un relato costumbrista en clave de humor que exprime hasta el tuétano la verdad que contienen los tópicos. Y cada aventura tiene sus personajes, más allá de los irreductibles galos. Puede ser un legionario de nombre Monosabius; la rubísima Falbalá, que deslumbra al pobre Obélix; un arquitecto egipcio víctima del estrés, llamado Numerobis; o el orgulloso patriota de Astérix en Hispania, que responde a los casticísimos apellidos de Sopalajo de Arriérez y Torrezno.

Pero mi favorito es, sin duda, el protagonista de La cizaña; se llama Perfectus Detritus, es un tipejo bajo y calvo, capaz de emponzoñar cualquier conversación o proyecto en el que participe. Deja un rastro verde de toxicidad y es el rey indiscutible de la discordia, un puesto muy cotizado en estos tiempos de ruido y furia.

Si nos atenemos solo a parecidos físicos y prescindimos de la estatura, Perfectus Detritus puede recordarnos a Alejo Vidal-Quadras, azote del pujolismo cuando dirigía el PP en Catalunya y, posteriormente, fundador de Vox. Pero si buscamos el perfil más maligno del actual panorama político en España, yo creo que el casting se lo lleva de calle Isabel Díaz Ayuso.

La presidenta madrileña ha pervertido la legítima crítica política hasta extremos tan nauseabundos que solo admiten comparación con el macarrismo de Trump. Aludir a un supuesto trato de favor de Sánchez hacia vascos y catalanes, relacionándolo con los muertos de Adamuz, es su última aportación al catálogo de la indecencia. Con eso, y con tantas otras cosas, ha vuelto a confirmar que reúne todos los requisitos que distinguen a una mala persona: ser hiriente, mentirosa, manipuladora, sentirse superior a los demás y hacer el mal de manera sistemática, consciente y sin remordimientos. Casi que prefiero al personaje de Astérix.

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