Opinión
La Patrona conspira contra Sant Sebastià

El escenario de la plaza Joan Carles I la noche de la Revetla. / Guillem Bosch
Antes de que el Ayuntamiento de Palma se convirtiera en una promotora de conciertos sin competencia en el sector, la Revetla de Sant Sebastià ya estaba marcada por la fatalidad de la lluvia y el frío. También por el debate posterior sobre la conveniencia de trasladar todo el cartel de actuaciones en directo a unas neofiestas de primavera o verano, con los argumentos de no provocar tantas pulmonías en el personal ni tampoco perder ese dineral en seguros de cancelaciones. "Más viviendas y menos macrofestivales", le aconsejó el general Fulgencio Coll al alcalde Jaime Martínez hace medio año.
Sin embargo, el entusiasmo juvenil y la identificación con las que todavía son las fiestas de Palma siempre podían más que el frío y la lluvia, que al fin y al cabo son pura tradición la noche del 19 de enero, pese a que el cartel de artistas invitados no se aguante y solo quede el recurso de refugiarse con las amistades alrededor de una torradora a degustar viandas carbonizadas con denominación de origen de la tierra.
Pregunté en voz alta en la redacción si el cartel de la Revetla de este año no era especialmente malo en comparación con ediciones precedentes o si, por el contrario, era yo el pasado de moda. Y me respondieron que las dos opciones eran correctas, aunque ya planeara en ese momento no perderme el directo de Burning, escuchar de nuevo Jim Dinamita y después descubrir el fenómeno Pitxorines.
La tragedia de Adamuz acabó con antelación con los planes de Revetla cuando el Ayuntamiento de Palma suspendió todos los conciertos y actos en señal de duelo, aunque la tradicional fatalidad de la víspera del patrón ya hubiera programado una velada de chubascos escoceses sobre Palma que, de otra forma, también habría acabado con la mayoría de las actuaciones sin necesidad de esperar a los bises.
Sin embargo, en la programación low cost de las fiestas de Sant Sebastià y en la ausencia de cabezas de cartel de cierto brillo, se descubre también el fastidio municipal en su confección, la actitud de quien cree poco en estas fiestas ciudadanas y parece más entusiasmado en trasladarlas a septiembre. A ese invento llamado las fiestas de la Patrona que debutó el año pasado con un macroconcierto de música electrónica en el Parc de la Mar, en una actuación como las de Mallorca Live Festival de Calvià con cambio de escenario, pero sin las liturgias propias de la Revetla. Y, por supuesto, sin su bendita lluvia.
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