Opinión
El tamaño importa

Colegio Sagrado Corazón y seminario teatino, principios del siglo XX. / .
El otro día una lectora vino a la librería a invitarme: «Oye… escribe del destrozo de nuestro barrio de Son Espanyolet, es un desastre lo que están haciendo», y tenía razón, pero… a partir de cuándo y de qué momento. ¿El que ya hicieron las monjas en los ochenta? O el que desde el helicóptero ilustró en imágenes el señor Planas i Montanyà mucho antes en los sesenta, o el de anteayer en calle Barrera con Porto.
Todos coincidimos en decir que el capital extranjero actual está destruyendo nuestro barrio. Yo mismo he intentado disuadir a alguien que a martillazos eliminaba un rodapiés de La Roqueta en la calle X. Ingenuo, pardillo… De qué me hablas, chaval, anda… ¡lárgate!
Donde fue más visible esta catástrofe fue a finales de los ochenta cuando el llamado «mejor alcalde de Palma» echó abajo las antiguas casas que dan nombre al barrio. Y todo para convertir una parte importante de ese solar en un parking que a ratos es un fabuloso nido de ratas.
Hoy, aunque no guste a las inmobiliarias, vamos a delimitar, de una vez y grosso modo, los contornos reales de lo que es realmente Son Espanyolet, que no es para nada Son Cotoneret y mucho menos Santa Catalina. Es decir, tracen un segmento en Joan Crespí donde estaba ubicada la fábrica y más o menos lo cierren a poniente en la calle Parc subiendo hacia los jardines y columpios de los antiguos campos del Sagrado Corazón y colegios incluidos hasta la famosa plaza de toros en lo que es Son Puigdorfila y vayan cerrando en sentido norte por la avenida Picasso un triángulo que entre el cuartel de la policía y la calle Barrera va a regresar, incluyendo las calles entre Barrera y Llibertat, hasta ir cerrando otra vez en Joan Crespí. (Inciso: la iglesia de la Asunción es de 1936. Los fascistas no podían consentir el carácter republicanofederal y laico de Son Espanyolet que en algún tramo era residencial, pero era un barrio obrero en su fundación y las personas de misa bajaban a Sant Magí en Santa Catalina. La iglesia de la calle Contestí se hizo por la gracia de Dios y sus bemoles).
Niceto Alcalà Zamora ya no es Son Espanyolet y Fábrica siempre se consideró Santa Catalina. El tramo entre el Pueblo Español y la calle que da nombre al barrio es Son Cotoneret y les aseguro que lo demás son cuentos. Cuando los niños del barrio quedábamos para jugar contra los de Son Cotoneret les aseguro que aquello era un auténtico derbi. Se intenta cambiar la realidad y la historia.
Por si les sirve de ejemplo de esta deriva, a la Serra de Son Jordi ahora la llaman Costa de los Pinos y a Sant Josep del Terme le dicen Sa Indioteria, pero no dejan de ser topónimos improvisados por motivos que no voy a comentar. Piensen que Lloret de Vista Alegre era Manresa y Cala los cans, Caloscamps o lo que diablos quieran escribir, tenía un topónimo original y bellísimo: Els Camps vells d’Artà donde nuestros ancestros iban a cargar algas para los huertos. La vulgaridad del hombre es tan grande (y tan cutre) que aspira a gobernar el mundo de esa manera. Un par de milenios largos y todavía no sabemos nada de cómo está configurada esta isla y sus fenómenos y cada decenio vamos olvidando un tramo de lo recorrido. Ya nadie, o casi nadie, vive en su barrio o en su pueblo de origen para contarlo y en plan macedonio vamos a cada rato reinventando o redescubriendo el pa amb oli que da gusto. Es lo que están haciendo con el barrio de Son Espanyolet, que no es ni un metro más ni un metro menos, es lo que es y siempre ha sido. Usted cuide el consumo de los acuíferos, servidor también y con mucho gusto, mientras el barrio amanece con una nueva piscina en los terrados y sus corrales cambian árboles por baldosas. Ni un metro más ni un metro menos, que por supuesto el tamaño importa, pero a las inmobiliarias.
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