Opinión | Al azar
Papá no quiere venir en tren

Accidente tren en Adamuz, trenes Iryo y Alvia. Accidente ferroviario, descarrilamiento Córdoba. Grúas y maquinaria pesada retiran vagones / Manuel Murillo Martínez / COR
La velocidad es una victoria del espacio sobre el tiempo, y también mata. De ahí la ruleta de cambios en los topes del AVE entre Madrid y Barcelona, por la incertidumbre entre rapidez y seguridad. Salen dos convoyes de Atocha, ¿prefiere usted viajar en el que se plantará en Sants en dos horas y media o en cuatro, con el notable incremento en tranquilidad? De repente, papá no quiere venir en tren. A quién puede extrañarle, con dos accidentes mortales en 48 horas, que han desbordado incluso la capacidad de asimilación de Núñez Feijóo. El histórico «esto es demasiado» del líder del PP no solo exhibe su perplejidad contagiosa, también resume un programa de Gobierno en tres palabras, y le sobran dos. Demasiado.
La repentina hostilidad hacia un medio de transporte después de un accidente es habitual. Tras el 11S, se produjo una retracción por motivos lógicos en la compra de billetes de avión en Estados Unidos. En consecuencia, se multiplicaron los viajes de larga distancia por carretera, con el lógico incremento de los accidentes. Según diversos estudios, el balance se puede medir en centenares de muertos adicionales por el tráfico inesperado, un 11S encubierto que exigió años hasta lograr la recuperación de la movilidad aérea. Las pérdidas de la industria fueron millonarias, papá no quería venir volando.
Sin embargo, la moraleja del párrafo anterior indica que el tráfico se restableció, porque el ser humano está acondicionado para que la velocidad acabe imponiendo su ley. En la actual situación española, que puede calificarse de caótica examinando los vaivenes de los gestores, prevalecerán los Ícaros que desean el restablecimiento inmediato de los trenes rápidos, y que mandarán los riesgos a paseo sin deponer por ello la exigencia de responsabilidades. En el caso más espectacular de la lucha victoriosa contrarreloj, cabe recordar la nada desdeñable componente fatalista al subirse a un avión, una lata que vuela a novecientos kilómetros por hora y a kilómetros de altitud. Por ello, y pese a todo, papa vendrá en tren, aunque remoloneará un poco porque la civilización burguesa es incompatible con el heroísmo.
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