Opinión
Los desafíos más allá de Sumar
Sin unidad, liderazgo ni organización, la aspiración de ir más allá de Sumar difícilmente dará lugar a un proyecto político viable

Yolanda Díaz. / EP
De la constatación de que el espacio a la izquierda del PSOE no ha logrado consolidarse surge la propuesta de Izquierda Unida de «ir más allá de Sumar». Pero la cuestión no se limita a cómo concurrir a las próximas elecciones, sino a cuáles son las condiciones que permitirían que un proyecto fuera políticamente operativo, lo que remite a tres desafíos fundamentales.
El primero es la imposibilidad de una unidad amplia debido al veto explícito de Podemos a Movimiento Sumar. La exigencia podemita de excluir a Sumar como condición previa para cualquier acuerdo electoral no solo impide recomponer el espacio, sino que introduce una lógica excluyente incompatible con la idea misma de una confluencia plural y unitaria. Las experiencias recientes en Extremadura, Andalucía o Aragón muestran que Podemos está dispuesto a asumir los costes de concurrir en solitario antes que añadirse a un proyecto compartido que no controle plenamente. El resultado es una izquierda fragmentada que compite consigo misma por un electorado menguante, mientras sus adversarios políticos se benefician de esa división.
El segundo es el del liderazgo. Yolanda Díaz fue en 2023 una figura de consenso, respaldada por aclamación y con un capital político relevante ligado a su perfil dialogante y a su gestión en el Ministerio de Trabajo. Dos años después, su liderazgo está cuestionado, no tanto por la existencia de una alternativa clara, sino por la acumulación de dudas sobre su capacidad para encabezar una nueva etapa. El progresivo distanciamiento con el PSOE, visible en los choques sobre vivienda, política internacional o en la gestión de crisis del Ejecutivo, ha reforzado su perfil propio, pero también ha evidenciado los límites de una estrategia basada en la influencia gubernamental sin un apoyo orgánico sólido.
En este contexto, la falta de una decisión clara sobre su continuidad y la presión para someterse a primarias mantienen la cuestión abierta.
El tercer reto es de carácter organizativo y, quizás por ser el más estructural el más difícil de resolver. El espacio situado a la izquierda del PSOE se compone de múltiples formaciones con trayectorias, culturas políticas, organizativas y anclajes territoriales diversos. Izquierda Unida, Más Madrid, los comunes o Movimiento Sumar comparten diagnósticos, pero difieren en métodos, ritmos y formas de toma de decisiones. La convivencia de varios proyectos bajo una misma marca ha generado confusión, tensiones y una sensación persistente de provisionalidad. La propuesta de avanzar hacia un sujeto político estable, con reglas y órganos comunes, apunta en una dirección razonable, pero encuentra resistencias ante la falta de garantías sobre la influencia y las condiciones de integración.
Sin unidad, liderazgo ni organización, la aspiración de ir más allá de Sumar difícilmente dará lugar a un proyecto político viable, una mala noticia para la izquierda en su conjunto, cuyas expectativas se ven mermadas.
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