Opinión
Disney va a por todas con la IA

Sede de los estudios de Netflix en Hollywood. / REUTERS
2025 pasará a la posteridad como el año en que los estudios de Hollywood aparcaron sus reticencias con respecto a la inteligencia artificial (IA). En los últimos meses hemos sido testigos de iniciativas defendiendo a bombo y platillo las oportunidades que pone sobre la mesa esta nueva tecnología. La última ha sido la de Disney. La compañía acaba de anunciar que invertirá 1.000 millones en Open AI, un acuerdo que permitirá a la empresa propietaria de Sora 2 y Chat GPT usar más de 200 personajes de la primera para generar vídeos con IA. Además, una selección de este contenido generado por fans estará disponible en la plataforma de streaming Disney+. Junto a los títulos clásicos de Star Wars o Marvel, veremos cortos generados por usuarios a partir de sus personajes Disney favoritos, ya sea un crossover entre Baby Yoda y Stich o un paseo de Simba por los mundos congelados de Frozen.
La pregunta no es tanto por qué como por qué ahora. Desde el lanzamiento de Sora 2 ha quedado muy claro lo fácil que es, a partir de un simple prompt, reinterpretar historias y personajes para que lleven a cabo las acciones que nosotros queramos. También ha confirmado el apetito de los usuarios por explorar las posibilidades de esta nueva tecnología. Esta nueva versión del software de OpenAI, la compañía tras ChatGPT, es claramente superior a sus predecesoras en lo visual a la hora de generar vídeo. Pero lo más innovador es que está disponible a través de una nueva aplicación, en donde los usuarios crean sus historias y las comparten en un feed público susceptible de ser comentado y compartido.
Parece que Disney quiere un pedazo de este nuevo entretenimiento, a medida y en red, no solo por la oportunidad que representa a la hora de estrechar la relación con sus usuarios sino también para crear un espacio para la creación mediante IA que no viole de forma flagrante los derechos de autor (cosa que sucede con Sora 2, que reportó numerosos usos indebidos de material protegido sin el pago de la correspondiente licencia).
Lo que Disney pretende, en realidad, es que esa nueva dinámica de creación tenga lugar dentro de sus confines, no solo para preservar la integridad de sus propiedades sino también para conocer más en detalle cómo funciona el imaginario popular con relación a sus franquicias: qué historias se reescriben, qué acciones se exploran, cuáles son los personajes más replicados… Ahí existe un valor extraordinario que, sin duda, la compañía podrá aprovechar en beneficio propio. Además, adquiriendo una participación en Open AI, Disney quiere ser un agente activo del cambio en lugar de verse arrollado por la disrupción.
Las compañías que se dedican al entretenimiento saben que la fidelización de los usuarios es la piedra angular de su éxito. Disney es una de las empresas que mejor lo ha hecho, gracias a una estrategia muy cuidada que explota sus contenidos para que arropen al espectador. La cosa empieza, casi siempre, con una película en los cines que, con el tiempo, se abre paso en los hogares. En paralelo comienza un asedio en forma de merchandising, con juguetes, ropa, alimentación, material escolar… y si la cosa alcanza una buena velocidad de crucero, los personajes acaban saltando a sus parques temáticos. Esta explotación 360 es lo que ha convertido a la compañía en lo que es hoy en día.
La iniciativa que ahora va a poner en marcha es un giro de tuerca a la misma filosofía. Convertir al espectador en parte activa del imaginario Disney dejándole que cree sus propias iteraciones de los personajes que ama y que luego pueda compartirlos con el resto de los usuarios de Disney+. Es un plan maestro que convertiría a su plataforma en una combinación de servicio de streaming, red social de vídeo corto (como TikTok) y un espacio para la construcción de mundos (como Minecraft).
Existen algunos riesgos. Muchos expertos han mostrado su escepticismo con respecto a cómo esto afectará a propiedades establecidas, historias que ya están fijadas en nuestra memoria y cuya alteración podría resultar desagradable para el espectador. Disney va a por todas con la IA porque sabe que el futuro del entretenimiento se jugará en ese territorio. Lo que está por ver es si será capaz de reinventarse sin perder la esencia que la convirtió en una marca universal.
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