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Opinión

Menos burocracia y más ayuda real para los docentes

Menos burocracia y más ayuda real para los docentes

Menos burocracia y más ayuda real para los docentes

El escenario que dibuja la encuesta sobre el estado de los profesores en la escuela pública divulgada esta semana por la Confederación de Sindicatos de Trabajadoras y Trabajadores de la Enseñanza (STE), en la que está integrada el STEi de Balears, resulta demoledor. La práctica totalidad de los 1.200 docentes consultados de las islas, sobre un censo global de 13.213, se sienten «asfixiados» por lo mucho que la burocracia les resta del valioso tiempo pedagógico. Como ocurre en tantos otros sectores, desde sanitarios a agricultores, los profesores están quemados de tanto rellenar formularios cuando en las aulas, con ratios altas y recursos muchas veces escasos, no dan abasto para cumplir programas y atender la creciente diversidad de una escuela que pretende ser inclusiva ante las discapacidades, los trastornos, las situaciones de vulnerabilidad o el desconocimiento del idioma. Ocho de cada diez docentes califican el clima de los centros como «conflictivo» y «complicado». Perciben un aumento de las agresiones verbales y puntualmente físicas de parte de los alumnos, que tres cuartas partes de los encuestados también imputan a las familias. Las insolencias y vejaciones generan desgaste profesional y han disparado el consumo de ansiolíticos y bajas médicas en el profesorado, que se siente además sobrepasado por el desbocado aumento de demandas ligadas a la salud mental de los estudiantes.

El creciente malestar docente afecta a uno de los pilares de la civilización, la educación, y apela al conjunto de la sociedad. ¿Qué futuro nos aguarda con unas aulas sobrecargadas, quemadas, conflictivas y enfermas? Por más que la encuesta pueda adolecer de cierto sesgo por una sobrerrepresentación de afiliados, normalmente más reivindicativos, los resultados ahondan en las mismas conclusiones reportadas por otros estudios, como el de la Asociación Nacional de Profesionales de la Enseñanza (ANPE). Las observaciones se ven además avaladas por datos sobre conflictividad de los mecanismos de registro y protocolo de la propia Administración. Igual que ocurre en la violencia de género, la activación de mecanismos de denuncia, como el canal de notificaciones NADIB puesto en marcha por el Govern en noviembre de 2024, tiene un efecto de mayor visibilidad y trazabilidad de este tipo de casos. En este contexto, cobran valor programas de demostrada valía para resolver situaciones de conflicto como Convivèxit, o iniciativas anunciadas por la conselleria de Educación para el próximo curso, que hará de Balears la primera comunidad en incorporar psicólogos a los centros de Primaria, ampliando así el servicio que ya se presta en los institutos. Los docentes reclaman que también haya psicólogos para ellos, como ya ocurre en trece Comunidades Autónomas. Sin duda, la magnitud del desgaste emocional y profesional que sacude a la educación obliga a dar respuesta a lo inmediato, pero también exige abordar el problema desde la raíz para superarlo. Simplificar el trabajo burocrático, blindar tiempo docente, bajar ratios especialmente donde la conflictividad es crónica, reforzar la atención temprana son algunas de las justas reclamaciones a la Administración por parte del colectivo docente, que poco podrá hacer si no cuenta además con la confianza y la colaboración de las familias.

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