Opinión
Lo de Irán no va de derechos humanos

Benjamín Netanyahu. / EP
Conviene no engañarse, que no nos engañen cuando se nos dice con toda seriedad que en Irán se trata de defender los derechos humanos frente a un régimen teocrático y tiránico.
¿Cómo puede Israel o su principal cómplice en el genocidio de Gaza, Estados Unidos, hablar de derechos humanos o de libertades en Irán o en cualquier otro país, por ejemplo, ahora Venezuela?
No, lo que persigue sobre todo Israel en Irán es romper lo que aún queda del llamado «eje de resistencia» tras la caída del régimen sirio de Bashar al-Assad y el duro golpe a Hezbolá en el Líbano.
Y crear allí condiciones como las que existen en la Siria que actualmente gobierna el exlíder de Al Qaeda y que es un país fracturado, con actores que pelean continuamente entre sí: fuerzas gubernamentales, milicias kurdas, grupos rebeldes y toda laya de yihadistas.
Irán es un país muchísimo más grande que Siria, pero el sueño de Israel es también desestabilizarlo y fragmentarlo, fomentando en cuanto pueda las diferencias entre sus minorías étnicas como los azeríes, kurdos, turcomanos, azeríes y baluchis, entre otras.
Sólo así lograrán los sionistas, con la ayuda inestimable de Estados Unidos, realizar su proyecto expansionista del Gran Israel a costa de sus vecinos árabes. Y esto deberían saberlo también las monarquías feudales aliadas hoy de Estados Unidos.
Denuncian estos días nuestros medios «el horror de la represión en Irán», que ha causado más de dos mil muertos, pero no distinguen, porque es imposible, entre las víctimas del régimen, algo que nadie niega, y las de los alborotadores y agentes infiltrados que han contribuido al caos.
Porque incluso la prensa israelí ha reconocido la presencia en Irán de numerosos agentes del Mosad, a los que habría que añadir los de la CIA y el también inevitable MI6 británico, acostumbrados todos ellos a pescar en río revuelto.
La estrategia estaba clara desde el principio: aprovechar el natural y profundo descontento de comerciantes y ciudadanos por la galopante inflación y el desplome del rial para intentar una vez más la caída del detestado régimen.
Las protestas degeneraron pronto en violencia y la situación escapó a todo control. Se quemaron comercios, autobuses, ambulancias y hasta mezquitas. Los agentes de la autoridad se vieron desbordados y estalló el pánico.
El presidente de EEUU animó a los manifestantes a «tomar las instituciones» y les anunció que la ayuda estaba ya en camino. Pero ¿quién puede creerse las promesas que pueda hacer Donald Trump?
Escribe The Financial Times que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en otras ocasiones tan locuaz, se mantiene sospechosamente callado sobre las protestas y la dura represión de las autoridades de Teherán.
Según el periódico británico, haga lo que haga Trump, intervenga o no militarmente o combine eventuales ciberataques con un endurecimiento de las sanciones para alimentar nuevas protestas, el régimen iraní se verá debilitado y la balanza regional se inclinará todavía más a favor de Israel. Que es de lo que se trata.
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