Opinión
Fiestas de la Natividad o Saturnales

Cenas de Navidad / ELTENEDOR
Las fiestas de Navidad, en la cristiandad, conmemoran el principio de Jesús de Nazaret; sin embargo, la fecha del nacimiento es confusa, los evangelios no dan un dato preciso, lo que sí parece seguro es que los cristianos adoptaron como fecha del nacimiento un día cercano al veinticinco de diciembre para que coincidiese con las celebraciones festivas romanas, las Saturnalia entre el 17 y 23 —festejos paganos de la alegría y de los regalos— y, preferentemente el veinticinco de diciembre —conmemoración del
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—, fecha coincidente con el solsticio de invierno, cuando las jornadas empiezan a alargarse y se extiende la duración de la luz solar. San Juan, evangelista, dice que, con el nacimiento de Jesús, empieza brillar la luz, esta afirmación facilitó la transición desde unas fiestas paganas a las conmemoraciones cristianas. Ciertamente, estos días deberían ser propicios para la reflexión, meditación, afectos y, no solo para el hedonismo. Se espera que estas fiestas sirvan para reuniones familiares, para la fraternidad, compañía, abrazos y comidas copiosas. Pero no siempre resultan así, muchas veces aumenta el estrés, la soledad —la peor soledad es la que se siente cuando se está en compañía—, aparece la evitación social. La obligación de sentirse alegre, feliz y cercano, cuando se está de malhumor y falto de afectos suele ser el origen del rechazo a estas fechas. ¿La gente busca la compañía de la familia, de los amigos o solamente el placer de las comidas? ¿Estamos ante una disyuntiva, placer sensorial o conexión emocional? Compartir almuerzos, cenas, debería significar, por lo menos, comunidad y pertenencia. Si lo festivo de la comida pretende sustituir la afectividad, cuando los lazos cordiales se debilitan, no es extraño que aparezcan posibles conflictos familiares. Por ello, mucha gente dice que empiezan las fiestas de Navidad, la de fin de año y la de Reyes con ilusión, pero que cuando están en medio de tantas celebraciones darían cualquier cosa para que estas se acabasen rápidamente, otros, según dicen, están convencidos de que si esas reuniones durasen diez días más podrían acabar en disputas incómodas e incluso en ruptura de relaciones.
En relación a este tema de los afectos navideños, que se ponen manifiestamente en evidencia estos días, recuerdo que estando yo viajando de regreso, tuve al alcance de mi mano, sorprendentemente por el lugar, un informe publicado en la revista Science que despertó mi interés, curiosidad y admiración. El estudio se titula Chimpanzees, rationally revise their belives (Los chimpancés cambian de opinión), y se basa en un trabajo de Hanna Schleihauf, doctora en psicología por la universidad de Utrecht. La publicación revela que estos parientes, tan próximos, revisan sus opiniones, decisiones y creencias, cuando reciben nuevas evidencias. Por cierto, este trabajo científico, me recordó un artículo que escribí en Diario de Mallorca el día 26 de noviembre último en el que decía que es bueno cambiar de opinión y también que es mejor desconfiar de aquellos que están iluminados por certezas absolutas. En la columna citaba opiniones tan acertadas sobre los cambios de opinión, como las del emperador Marco Aurelio, o Séneca, que recomendaban volver a pensar ante nuevas evidencias y cambiar de opinión o actitud si se consideraba necesario. Volviendo al estudio realizado por Hanna Schleihauf, se dice que los chimpancés revisan sus pensamientos y cambian sus decisiones con frecuencia según observan lo que sucede. Explica que ellos prefieren mantener buenos vínculos afectivos antes que una buena comida, que no les compensa el comer si ello implica perder relaciones, es más, son capaces de renunciar a alimentarse si pueden mantener una buena interacción social. ¡Sorprendente! Valoran mucho la cercanía emocional, para ellos compartir la comida supone fortalecer vínculos. Aprecian más el contacto amistoso y la relación social antes que recompensas materiales, el afecto y la socialidad les es importante. Es decir, sienten una fuerte atracción por las relaciones sociales, valoran el contacto personal.
¿Hemos, los humanos, evolucionado de forma diferente? ¿Son los chimpancés más sociables que las personas? ¿La sociedad actual ha regresado a las fiestas saturnales y se está alejando de las relaciones afectivas? Sabemos que la comida activa la dopamina, hormona que produce sensación de placer y esta bien, pero los vínculos afectivos, la espiritualidad, surgen por otras pulsiones.
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