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Opinión | La suerte de besar

La estrategia de los fagos

La estrategia de los fagos

La estrategia de los fagos / ingimage

Los fagos se han convertido en mis mejores amigos en la categoría de agentes microscópicos. Han protagonizado la mejor noticia que he leído en los últimos días y son mis gurús. Un ejemplo a seguir entre tanto germen que anda suelto. Veamos.

El resultado de tomar antibióticos sin ton ni son es que las bacterias se están convirtiendo en resistentes e inmunes a ellos. Según los especialistas sanitarios, las infecciones por bacilos que no responden a un tratamiento serán la primera causa de muerte allá por el año 2050. En 2025, unas 5.500 personas fallecieron en hospitales españoles por este motivo. Para ponernos en contexto, la cifra es tres veces superior a los fallecidos por accidentes de tráfico. Un escenario poco alentador. Casi catastrófico, si no fuera por la aparición de mis nuevos mejores amigos, los fagos. Estos bichitos invisibles, que fueron descubiertos hace más de 50 años, se encuentran, entre otros muchos lugares, en nuestra propia microbiota. Son virus buenos que se introducen en las bacterias malas y las destruyen desde dentro. Es decir, son una especie de caballo de Troya defensor de nuestra buena salud e integridad. La Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica ha demostrado que, a diferencia de los antibióticos que arrasan con todo, los fagos son capaces de aniquilar únicamente a la bacteria para la que han sido preparados. Menos molestias estomacales y menos ataques masivos a la totalidad de nuestra flora intestinal. Mis mejores amigos son profesionales de élite y donde ponen el ojo ponen la bala.

Al acabar de leer la noticia suspiré. Por fin algo positivo y luminoso entre tanta oscuridad. Vivimos con la presión mediática generada por la situación en Venezuela, Groenlandia, Ucrania, México, Rusia o Irán. Nos angustia ver a una OTAN que asiente y consiente, a una Unión Europea que parece que juega al fútbol aficionado o a unos agentes de control de inmigración americanos que son el nuevo lado oscuro de la Fuerza de Star Wars. Ante este escenario, enterarme de la existencia de unos virus bondadosos capaces de eliminar las superbacterias, hábiles para machacar a los gérmenes resistentes y superpoderosos, me ha hecho imaginar que cada uno de nosotros podría convertirse en un fago y hacer algo por este mundo cruel. En el ámbito de la política internacional, se me ocurren dos paralelismos.

Hay que ser valiente para salir a la calle, caminar hombres y mujeres juntos y en manada y gritar «Muerte a Jamenei». Las féminas anónimas que, en su lucha por derrocar a la superbacteria dictadora, queman sus hiyab y se arriesgan a perder la vida son heroínas.

El alcalde demócrata de Minneapolis, Jacob Frey, pidió a la ciudadanía estar a la altura, tras la muerte de Renee Nicole Good por disparos de agentes de inmigración. Podría haber incendiado la ciudad reivindicando venganza, pero solicitó hacer frente al odio con amor, a la desesperación con esperanza y a la injusticia con justicia constitucional. A día de hoy, su actitud parece poesía. Y es que no sé si hay alguien capaz de pararle los pies a Donald Trump, pero creo que, tanto los suyos como los otros, tienen algo de responsabilidad. Cualquiera que valore la concordia y aspire a la continuidad de nuestra especie debería aprender de la estrategia del fago.

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